Ha tenido una vida ajetreada. Poco tiempo ha podido lucir en todo su esplendor. La desidia, el desinterés y la falta de iniciativa de los responsables a lo largo de sus casi cien años de historia han envuelto a El Molinón en una continua polémica sobre su estado, la idoneidad de sus instalaciones, la calidad de la estructura y una apariencia exterior adecuada. Ahora, con la iniciativa municipal de sacar a concurso la remodelación del estadio y la consiguiente cesión de espacios para explotarlos para usos hosteleros y de ocio, parece que, por fin, se podrán solucionar los problemas que presenta el campo de fútbol más antiguo del país, lo que vaticina que habrá El Molinón para muchos años.
Su larga historia comenzó en 1908. Se trataba tan sólo de un prado diáfano ubicado en las inmediaciones del río Piles cuando se jugó el primer partido de fútbol. En sus inmediaciones había un importante molino, que con los años se convertiría en parador nacional. Esa edificación fue la que le dio su nombre.
No fue hasta 1917 cuando el estadio se inauguró de forma oficial. En ese momento, el campo contaba con una grada de madera y unos vestuarios, al tiempo que se construyó una balaustrada que circundaba el terreno de juego.
El fútbol, que había sido introducido en Gijón por jóvenes ingleses y gijoneses que habían estudiado en el Reino Unido, gozaba ya de gran popularidad. Pronto, se congregaron en El Molinón más de 6.000 personas para presenciar los partidos. Por ello, los responsables del campo decidieron acometer la primera remodelación. En 1928 se inauguró una nueva grada de madera, pero duró poco, ya que después de un encuentro, a finales de 1931, quedó totalmente destruida por un incendio.
Los efectos de la guerra
Las desgracias nos vienen solas y El Molinón volvió a sufrir duros golpes poco después. La Guerra Civil dejó su huella en el estadio gijonés y una vez finalizada la contienda, ya en 1942, se acometió la reconstrucción de la grada Norte. España entera sufría las consecuencias económicas de la guerra y el Sporting no era menos. Su penuria económica hizo que se decidiera la venta del estadio al Ayuntamiento, que lo revendió poco después a la Fundación José Antonio Girón por nueve millones de pesetas y el compromiso de terminar la construcción de todas las gradas.
El tiempo pasó y durante más de 20 años los gijoneses no vieron más que la estructura de lo que iba a ser la grada Oeste. Nadie quería finalizar las obras, por lo que en 1966 el Ayuntamiento de Gijón decidió recomprar el estadio para terminar los trabajos. Fue un momento importante para el campo y para el club, ya que sólo tres años después se cubrieron todas las gradas, lo que convertía a El Molinón en el primer estadio del país en tener todas sus localidades a cubierto. Además, en 1970 se finalizó la construcción de la tribuna Oeste, popularmente conocida como la 'Tribunona', que llegó a albergar, incluso, actividades que no tenían nada que ver con el deporte, como algunas ediciones de la Feria Internacional de Muestras de Asturias.
Hubo a continuación una década de tranquilidad en la dilatada vida de El Molinón, pero en 1980, con motivo de la celebración en España del Mundial'82, se acometió una reforma del estadio que fue muy criticada desde estamentos políticos y deportivos. Se perdió una oportunidad única para dotar a la ciudad de un equipamiento de futuro y, por el contrario, se sentaron las bases del desastre que El Molinón es hoy en día. Se recrecieron las gradas Este y Sur, al tiempo que se mejoraron algunos servicios. Pero no se tocó la grada más antigua, la Norte, al tiempo que se rompió con la armonía exterior que presentaba el edificio.
Desde entonces, apenas se tocó el estadio. Reparaciones de urgencia por motivos de seguridad y poco más fueron las obras acometidas desde 1982, a pesar de que el Ayuntamiento intentó dos veces, en 1995 y 2001, su remodelación completa. En ambas ocasiones se frustró. Ahora parece que va en serio.