Es la de Toli Morilla (Oviedo, 1961) una voz personal, intimista, sutil, a través de la cual ha sabido abrirse paso lejos de las grandes compañías discográficas. Unas compañías -las asentadas en las grandes ciudades- que cada vez apuestan más por las ventas en detrimento de la creatividad. Aquí, sin embargo, Toli Morilla se ha encontrado a sí mismo con trabajos que, aunque sustentados en versos ajenos y propios, adquieren un sello fácilmente identificable. Al igual que hiciera en 'Nueche d'insomniu', Morilla pone música y voz a versos de poetas asturianos (Xuan Bello, David González, Marta Mori y Mánfer de la Llera, entre otros), a otro -traducido- de Luis García Montero y a dos más salidos de su propia pluma. El resultado es un disco «expresionista, con toda clase de recursos tímbricos», al que ha bautizado como 'Entropía' y que verá la luz el próximo día 30.
-Dice usted que en 'Entropía' intenta ordenar el caos. ¿A qué caos se refiere?
-Al del origen de una canción, de un poema, de una película... Llegar a terminar cualquiera de esas creaciones es una pequeña forma de ordenar el caos. En mi caso, cuando encuentro una estructura armónica que personalmente me emociona y que considero que voy a ser capaz de cantarla a los demás, lo que estoy haciendo es poner orden a algo, y ese algo no es ni más ni menos que el caos.
-Vuelve a poner música y voz a versos de poetas asturianos. ¿Lo hace por compromiso con la lengua y la cultura asturianas o porque en la poesía hecha en asturiano hay mucha musicalidad?
-Buscaba una sonoridad diferente y la encontré precisamente en la poesía en asturiano. Fue una experiencia muy gratificante, pero sobre todo sorprendente. Me sentí mucho más yo, y ello me llevó más tarde a reconocer que cantar en nuestra lengua ya es una reivindicación en sí misma. No quiero ser redundante, pero humildemente pienso que puedo ayudar a consolidar el asturiano. Aunque, eso sí, trato de hacerlo huyendo de los tópicos.
-También incluye poemas suyos e, incluso, uno de Luis García Montero traducido. Es una mezcla bastante 'sui generis', ¿no cree?
-Sí. Es que yo soy así (ríe), un poco 'sui generis'. Decía Neil Young que toda su carrera musical era producto de una serie de casualidades y que una tras otra le habían llevado hasta donde estaba. A mí me ha ocurrido algo parecido. Soy inquieto, y busco, y leo. Y un día leí a García Montero y me gustó, pero me gustó más incluso cuando lo tradujeron al asturiano. En el primer golpe de lectura me di cuenta de que su poesía era musicable.
-Su anterior trabajo dio lugar a un disco-libro y a un espectáculo con el que recorrió toda Asturias durante año y medio. ¿Este de 'Entropía' puede correr igual suerte?
-Sinceramente, no lo sé. En un principio, pensé en hacer una presentación con una parte escenográfica, pero el proyecto se fue cayendo poco a poco, quizá por aquello de que repetir fórmula no entusiasma. De todos modos, habrá que esperar a que salga al mercado y a que la gente lo escuche. Lo que sí te puedo decir es que es un disco con unas características diferentes. El anterior, 'Nueche d'insomniu', está basado principalmente en la interpretación; es un disco de guitarra y voz, aunque después creciera y diera lugar a un espectáculo teatral. Éste de 'Entropía' es todo lo contrario, puesto que utilizo casi todos los recursos tímbricos posibles. Es decir, hay sección de viento, hay cuerda, hay piano, hay teclado, hay programación rítmica...
-Insiste en conseguir un sonido personal. ¿Cree haberlo logrado? ¿Hay ya un sonido Toli Morilla?
-No soy yo quien tiene que decirlo. Ojalá. Una cosa es la meta y otra la búsqueda. Personalmente, me quedo con la última, porque entiendo que es la más interesante. Lo importante de verdad es plantearse un reto, puesto que, al final, uno siempre es lo que es.
-Ese reto se hace aún más difícil cuando-como es su caso- también compone para otros músicos, por ejemplo, Hevia, que triunfó con varios temas suyos...
-Sí, claro, pero procuro mantener siempre mis expectativas de trabajo. Así todo, puede que haya, como tú dices, un sonido Toli Morilla, aunque aún no soy consciente de ello.
«No abandero nada»
-Folk, rock, pop... ¿En qué género se siente usted mismo?
-Pues en todos ellos. Las etiquetas me hacen sentir incómodo. Siento que soy bastante informal. Canto indistintamente en asturiano y castellano y creo que no abandero nada de nada. Me siento más a gusto dejándome influir por muchas cosas para que luego éstas den sus frutos.
-Así todo, se le ve como un cantante intimista. ¿Se siente así?
-La verdad es que sí.
-¿Piensa que hay un resurgimiento del cantautor?
-No me identifico con esta figura y tampoco quiero que se me identifique con ella. El cantautor, tanto en Asturias como en España, se le ve como un ser aburrido, que sólo habla de sí mismo y que se queja mucho. Hoy en día, quienes cumplen más ese papel con los raperos y los del hip-hop. Sus diatribas y su rima constante y explosiva no son más que una denuncia social continua. A mí no me gusta denunciar a voz en grito, prefiero la sutileza. El público, lo que busca en una canción, es sentirse identificado o reflejado en ella, al menos una parte de su vida, una parte de su pensamiento, una realidad, una experiencia... La música es como un armario en el que hay cajones y perchas para todo.
-¿Se puede vivir de la música en Asturias?
-Hoy en día, sí. Yo viví en Madrid porque estaba convencido de que para ser un músico de verdad había que estar en una gran ciudad. Más tarde me di cuenta de que mi proyecto musical se podía hacer perfectamente desde aquí.
-Entonces, ¿cree que se apoya lo suficiente a los músicos asturianos?
-Por paradójico que resulte, sí. En estos momentos, hay más salidas para los músicos en las autonomías que en Madrid. Allí mandan las grandes compañías, pero éstas se dedican a productos muy concretos, a aquellos que saben a ciencia cierta que van a vender muchos discos. No arriesgan ni en cultura ni en creación. Históricamente, ya se sabe, siempre ha habido cierta tensión entre el artista y el editor. Y, hoy por hoy, con los avances tecnológicos, si una voz es interesante, llega a cualquier lugar del mundo. De hecho, Gijón tiene mucho prestigio fuera de Asturias y se debe principalmente a determinados movimientos musicales surgidos en los 80 y los 90, como el 'Xixón Sound', por ejemplo.