Pletórico con los resultados de las elecciones, el virtual presidente electo de Ecuador, Rafael Correa, dio a conocer parte de su Gabinete y se ratificó en la propuesta más importante de su programa de campaña: una Asamblea Constituyente plenipotenciaria. Es decir, que desconozca el Congreso elegido en las urnas el 15 de octubre.
Mientras en las filas de Correa se desbordaba la euforia, en las de Noboa la desesperación se hacía pública en todos los medios. El dueño del mayor imperio económico de Ecuador mantuvo ayer su exigencia de realizar un recuento, «voto a voto», en todo el país. Álvaro Noboa insistió en que únicamente reconocerá los resultados una vez que, en su totalidad, los proclame oficialmente el Tribunal Superior Electoral. La fecha prevista para ello, según explicó su presidente, Javier Casal; «será el miércoles».
Al cierre de esta edición el porcentaje del escrutinio -prácticamente la mitad- no dejaba lugar a dudas. Correa, con el 68% del respaldo, doblaba en votos a su adversario, aunque en el recuento no estaban incluidos los bastiones de éste, las provincias costeras de Guayas y Manabí que representan el 36% del padrón. Según el 'recuento rápido' (selección estratégica de mesas) realizado por Participación Ciudadana -que contiene «un margen de error de más menos 8% y un grado de confiabilidad del 99», aclaró la presidenta del Consejo de Administración de la ONG, Mae Montaño-, Correa obtuvo el 56,4% de los sufragios frente al 43,6 de Noboa.
Con ese margen de ventaja el virtual vencedor -que se ahorró presentar lista de Diputados al Congreso unicameral- dio muestras inmediatas de que se siente con la fuerza, moral y de los votos, suficiente como para tratar de imponer un proyecto que lleva implícito el suicidio del Poder Legislativo.
«Está claro el mensaje de la ciudadanía de que quiere un cambio profundo, una Asamblea Constituyente. El Congreso debe someterse a sus deseos». Así, rechazó la oferta hecha ayer por el ex presidente Lucio Gutiérrez de abordar, «sin traumas ni caos», una reforma constitucional a través de la Cámara, donde Gutiérrez tiene el control de la segunda mayoría y el Partido Renovador Institucional Acción Nacional (Prian) que responde a Noboa, la primera. «Somos gente de consensos, pero no traicionaremos nuestros principios. ¿Qué reforma va a aprobar la partidocracia? (formaciones tradicionales corruptas)», clamó el flamante virtual presidente electo, tras insistir en hacer una consulta popular, «sin tener que pedirle permiso al Parlamento».
Cambios importantes
El proyecto, diseñado según el patrón que inauguró en Sudamérica Hugo Chávez para perpetuarse en el poder y que intenta copiar, con mayor virulencia, Evo Morales, pretende que la nueva Carta Magna conceda atribuciones al presidente para disolver el Congreso. Asimismo, tal y como reconoció Correa, saldría adelante con una mayoría simple y no de dos tercios. «Dicho de otro modo, deja fuera a la mitad de Ecuador, es excluyente y no incluyente», razona el analista Rubén Corral. Los legisladores que, por cierto, tomarán posesión de su escaño el 5 de enero, diez días antes de que lo haga Correa, prometen dar la batalla si no hay negociación.
En este contexto, Rafael Vicente Correa, el noveno presidente de Ecuador en diez años de confirmarse su victoria, facilitó algunos de los nombres que formarán su Gobierno. Alberto Acosta, que estará al frente del Ministerio de Energía, declaró que con Ricardo Patiño en Economía no habrá «ninguna aventura que pueda provocar una hecatombe en Ecuador». El mensaje estaba dirigido a los mercados y a tranquilizar a una población que sospecha, pese a las reiteradas aclaraciones de Correa, que el próximo Gobierno podría acabar con la dolarización. La divisa estadounidenses es la moneda de facto desde 2000, pese que en la Constitución se recoge como oficial el sucre.