Domingo, 3 de diciembre de 2006
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«Perdona, ¿vas a salir?»
La visita a Cabueñes empieza por la ardua búsqueda de plaza para aparcar
«Perdona, ¿vas a salir?»
PROHIBIDO. Dos conductores buscan aparcamiento en la orilla de las carreteras más próximas al hospital. / LUIS SEVILLA
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Ocho de la mañana. Apenas ha comenzado la jornada y los vehículos del personal sanitario y administrativo ocupan ya gran parte del aparcamiento del Hospital de Cabueñes. A esa misma hora llegan los pacientes más madrugadores, muchos de ellos adelantándose a su cita con el médico con la única intención de evitar el colapso que se formará en la explanada apenas unos minutos más tarde. A las nueve encontrar un hueco ya es solo cuestión de suerte.

Fernando Álvarez explica su truco particular. «Lo mejor es esperar a que salga alguien por la puerta del hospital y seguirlo hasta su coche». Sus hijos recién nacidos están ingresados en la unidad de prematuros y cada día se acerca hasta cuatro y cinco veces para seguir su evolución. «Esto está fatal, un auténtico desastre. Si tienes cita con un médico tienes que venir casi media hora antes para poder aparcar». En esta ocasión fue más afortunado: «Hoy esperé quince minutos nada más», bromea.

En otro coche se impacientan Miguel Ángel Rubio y su mujer, Pilar Perales, al acecho de una plaza libre. «Llevamos diez minutos aquí parados, esperando a que se vaya alguien». Según explican, las tres o cuatro veces al año que se acercan a Cabueñes se encuentran «con el mismo problema». Miguel Ángel cree que el aparcamiento, «como el Hospital, está desbordado» y considera necesario «descongestionarlo un poco, descentralizar algunos servicios».

Avanza la mañana y a cada momento es más frecuente encontrar coches rondando por la explanada, como si estuvieran cercando una presa cada vez más preciada. Repiten una, tres, cinco veces el mismo recorrido hasta que, exhaustos, algunos optan por soluciones alternativas. Los más rápidos, ignorar la existencia de bordillos y de marcas de aparcamiento. El resto, asaltar el aparcamiento del tanatorio u ocupar las cunetas del Camino de Cabueñes, donde las señales de 'prohibido' se convierten en un simple elemento ornamental.

Esta última opción es la que elige cada día Margarita Pérez «después de 20 minutos dando vueltas. Al final lo dejas mal aparcado donde puedes». Su solución: «Hacer más plazas detrás del hospital». Lucía Menéndez comparte sus quejas y cree que «al final te obligan a ir a aparcar al tanatorio o la Universidad Laboral».

Rampa de acceso

María Teresa Iglesias, que acude todos los meses desde Villaviciosa, pide «una solución» y lamenta que «tengas que venir al médico y no puedas bajarte cerca del hospital». Precisa que cuando puede aparcar en las dos grandes explanadas frente al centro es «por suerte y casualidad».

También muestra su descontento José Ramón Fernández, especialmente disgustado por la escasez de plazas reservadas para discapacitados. «No hay sitio suficiente ni para nosotros ni para el público en general». Considera además que la rampa para acceder al hospital desde una de las explanadas «es muy complicada de subir en silla de ruedas».

Con el aparcamiento de bote en bote, nuevos usuarios llegan constantemente para merodear en busca del ansiado sitio libre. Deténgase más de diez segundos junto a un coche y le abordará la pregunta. «Perdona, ¿vas a salir?».

 
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