Era un Gijón de poco más de seis mil habitantes. Corría el año 1782. Jovellanos ultimaba su plan de mejoras como un intento introducir el concepto de planificación urbanística en España. En ese momento histórico empieza la publicación editada por el Ayuntamiento titulada 'La obra pública municipal en Gijón (1782-2006)', que será presentada el martes de la próxima semana y que, en casi 500 páginas, trata de resumir el desarrollo urbanístico de la ciudad en esos dos largos siglos. Más de diez mil expedientes municipales configuran esta época histórica, en la que crecieron caminos, plazas, parques, redes de alumbrado, muros sobre arenales, diques portuarios y un largo etcétera hasta configurar el Gijón moderno.
El libro explica de forma prolija y con abundante material gráfico y planos, algunos de los hitos de la ciudad y, para los nostálgicos, no faltan desde las viejas pérgolas del Muro hasta los terrenos del polígono de Pumarín cuando eran eso, unos terrenos, pendientes de urbanizar. También tienen su lugar 'les cases barates' de El Coto y la cárcel, hasta no hace mucho tiempo ubicada en el mismo barrio que, por supuesto, no tenía sus calles urbanizadas.
Con el máximo detalle, se presentan los proyectos de las farolas para iluminar las calles de Gijón en la segunda década de los años 20 del siglo pasado, que el proyecto de dispensario antituberculoso o el de la antigua pescadería municipal, pasando por el detalle de las sillas utilizadas en el viejo teatro Jovellanos. Al final de la publicación aparece ya el Gijón moderno, con amplia referencia a la remodelación de la Laboral, al balneario, al acuario y todos los proyectos afrontados en los últimos años. En sus páginas se resume la historia del urbanismo en la ciudad y, en suma, de todo Gijón. En su elaboración han colaborado un buen número de responsables municipales aportando sus conocimientos, y está prologado por la alcaldesa.