A la alcaldesa de Gijón no le han llegado unas críticas tan aceradas como las que protagonizan los comerciantes de las calles de San Bernardo y San Antonio. Según confesó ayer, «lo único que me han trasladado, y creo que con razón, es que en algunas calles muy anchas, las luces colocadas quedan un poco insuficientes. Son cosas que hay que corregir el año que viene».
En ese sentido, Paz Fernández Felgueroso asumió que «es posible que en algunas calles muy anchas algunas de las luces se habrían podido alargar más», pero también añadió que «en otros puntos, sin embargo, quedan muy bonitas. Está claro que las luces navideñas no van a estar nunca a gusto de todos».
Recordó en ese sentido que el origen del cambio de la iluminación callejera de Navidad fue provocado precisamente por las quejas «generalizadas» del año pasado, que clamaban por un cambio de diseño. «Hicimos un concurso precisamente por eso e incluso se debatió en un pleno, en el que se nos pedía un cambio de diseño porque se entendía que el que tenían las luces de Gijón en aquel momento no era moderno y había quedado demasiado tradicional».
Y, abundando en la disparidad de criterios que toda innovación suscita en una ciudad tan participativa como Gijón, añadió que «he recogido opiniones de a quienes les gustaban más antes y de a quienes les gustan muchísimo más ahora. Nunca va a haber luces a gusto de todos».
Por su parte, el concejal de Comunicación, José María Pérez, compartió los planteamientos de la alcaldesa, si bien matizó que «las luces navideñas no tienen como fin iluminar la calle, sino actuar como un elemento decorativo. Para dar luz ya tenemos suficientes farolas. Yo creo que lo importante es que supone un ahorro energético y que hemos incrementado en más de un 25% el número de participantes. Otra cosa es que uno piense si es bonito o feo, que es cuestión de gustos».