Acercarse al tenebroso frío que acecha a las puertas de la Cueva del Pindal, asomarse a los acantilados del entorno de la Punta de Santu Medé, atravesar la pradera de San Emeterio, caminar por un bosque de encinas y eucaliptos y, al final, un tesoro. Emprender la aventura del recorrido que conduce hasta las ruinas del monasterio de Santa María de Tina, en Pimiango (Ribadedeva) no siempre es fácil y por eso ahora turistas, montañeros y peregrinos han querido añadirle un nuevo encanto al antiguo templo benedictino.
Se trata de una amplia colección de notas que desde hace unos meses -probablemente desde que finalizaron los trabajos de restauración para consolidar las ruinas, el pasado septiembre- hay que buscar en el interior de este edificio, cuya existencia quedó documentada ya en el siglo X.
Las notas han empezado a acumularse después de que uno o varios visitantes decidieran esconder una caja de herramientas y otra más probablemente de dulces en el ábside central, concretamente en el lado izquierdo del altar si se mira de frente. Pero en el interior de la caja de herramientas no sólo se encuentran decenas y decenas de pequeños papeles. Bajo las notas, alguien debió de colocar previamente unas cuantas gominolas con forma de monedas a modo de tesoro que sirven ahora de inspiración a los visitantes. «Para todo aquel que encuentre este tesoro de paz, amor y amistad...», se puede leer en una de ellas, firmada por una familia de Sevilla.
Lápiz y papel
Y es que quizás muchos turistas se animan a dejar unas palabras de recuerdo, como hacen los montañeros en ciertas cumbres, porque a los papelitos y las gominolas acompaña un lápiz con el que poder escribir. «Venimos de Alemania a ver esta joya de Asturias» y «por la amistad, por la vida, por el amor, por los del Císter...», dejaron impreso otros paseantes.
Entre los autores de las frases que sirven de recuerdo de la ruta se encuentran parejas procedentes de distintos países y comunidades, familias enteras e, incluso, peregrinos como los que, según las referencias que se conocen, llegaban ya al templo desde tiempos remotos (siglo IX) siguiendo la ruta del norte del Camino de Santiago.
Todos ellos han introducido sus notas tanto en la caja de herramientas como en otra más pequeña como las que se suelen usar para guardar los utensilios de costura que se puede encontrar junto a la primera.
Esta nueva fórmula puede dar una idea de la cantidad de visitas que recibe a diario el monumento, a pesar de que por el lugar en el que está ubicado, en pleno monte, dé la sensación de encontrarse casi siempre vacío.
El monasterio de Tina es una muestra más de las construcciones de influencia cisterciense -la arquitectura difundida por la Orden del Císter, que se caracteriza por su austeridad- y los restos que se conservan en la actualidad datan de finales del siglo XIII o principios del XIV. El objetivo de la última intervención realizada en el templo ha sido consolidar las ruinas del monasterio eliminando la vegetación que tenía y recuperando elementos caídos como el arco central.