El Muro sobre la playa de San Lorenzo es una de las señas de identidad de Gijón. El proyecto para construir un paseo marítimo desde San Pedro hasta la desembocadura del río Piles recibió su impulso definitivo hace cien años.
Los primeros intentos de ampliar el paseo gijonés datan de finales del siglo XIX. Hasta entonces la villa contaba sólo con un tramo de paredón, construido en tiempos de Jovellanos en el punto conocido como La Garita (zona que hoy corresponde a las inmediaciones de La Escalerona), que acabaría llegando hasta la altura de la actual calle de Capua.
Las propuestas redactadas por los arquitectos municipales Rodolfo Ibáñez y Mariano Medarde no vieron nunca la luz al chocar con un rosario de presiones vecinales y trabas administrativas. El proyecto que sí llegó a llevarse a efecto es obra del arquitecto Miguel García de la Cruz, está fechado en 1905 y traía aparejado un presupuesto inicial de 2,3 millones de pesetas.
En agosto de 1906 el paseo litoral recibió la autorización estatal y se estableció un plazo de 18 meses para su ejecución. El 4 de diciembre de ese mismo año EL COMERCIO publicaba el anuncio de la subasta de las obras del Muro. En enero de 1907 se realizó una primera subasta con carácter doble, en Gijón y Madrid, que quedó desierta; en la segunda, celebrada en el mes de abril, se adjudicaron las obras a Manuel Sánchez Dindurra, quien contrató como arquitecto director a Manuel del Busto.
Los primeros trabajos arrancaron en junio y no concluyeron hasta siete años después. Las interrupciones fueron continuas por los daños provocados por las mareas y los problemas de asentamiento de la estructura. La actuación urbanística acometida incluyó la construcción de la balaustrada del Muro, el terraplenado y urbanización de la avenida de Rufo García Rendueles desde la calle de la Caridad, el empalme del paseo con el puente del Piles y una escalinata frente a la calle de Jovellanos.
Hasta la década de 1930 este espacio no conoció más modificación que su amueblamiento -bancos, farolas ornamentales, aseos públicos e instalación de arbolado-, así como las obras de reparación y mantenimiento.
Antes de la Guerra Civil, el mayor hito fue la construcción en 1933 de la escalinata monumental de acceso a la playa, conocida popularmente como La Escalerona. Esta obra fue ejecutada dentro de parámetros plenamente racionalistas por José Avelino Díaz F. Omaña. Vinculado a ese mismo elemento, el técnico incluyó una balaustrada en piedra artificial, entre la rampa de la Pescadería y el Campo Valdés, así como la remodelación y extensión de las columnas de alumbrado según el diseño de Guillermo Cuesta.
En 1936, tras el estallido de la Guerra Civil española, la gestora municipal, encabezada por Avelino González Mallada, procedió al derribo de numerosos edificios para realizar un ensanche del Muro. Desaparecieron entonces los balnearios, las casas de Veronda y la manzana del Caserón del Hospital de Caridad.
En 1940 el Ayuntamiento promulgó una ordenanza para promover construcciones en la avenida de Rufo García Rendueles y se celebró un concurso para adjudicar la realización de un bar, lo que más tarde será el Náutico, en la manzana dejada libre por el Hospital de Caridad.
En 1942 se encarga al ingeniero de caminos Segundo de los Heros un paseo análogo al del Muro que se extienda por el otro lado del río Piles hasta los merenderos de Casablanca, cuya obras no comienzan hasta 1950. Entre los años 1951 y 1952 se gestó un nuevo proyecto de urbanización del Muro, dirigido por Avelino Díaz F. Omaña, que se fue desarrollando en varias fases e incluía la instalación de pérgolas a lo largo del paseo.
El desarrollismo
A finales de la década de los cincuenta del pasado siglo se empezaron a levantar, frente a la playa, edificios de gran altura que contravenían impunemente las ordenanzas municipales de la época. Este fenómeno ligado al desarrollismo se aceleró extraordinariamente en los años 60 y 70, provocando un importante deterioro de la calidad ambiental del arenal gijonés.
En mayo de 1982 fueron demolidas las pérgolas del Muro, donde llegó a vivir el indigente Benigno Piélagos, y la última remodelación del paseo litoral hasta el momento data de 1992. En la actualidad, el Muro vuelve a estar en boca de todos por el plan de mejora de fachadas en marcha, que prevé en un futuro ganar espacio para el peatón y soterrar el tráfico en la zona.