Para algunos niños es un clon de la señorita 'Rotenmeyer', para los mayores es tan dulce como Mary Poppins. Su paso por la televisión la convirtió en la institutriz más popular del país. Si hablásemos de la psicóloga sevillana Rocío Ramos-Paúl, sólo los avezados en la 'caja tonta' y los compañeros de profesión la identificarían. Por 'Supernnany', sin embargo, la conoce todo el mundo. Ayer estuvo en Oviedo invitada por la Asociación Centro Trama para participar en las VI Jornadas sobre Infancia y Adolescencia en riesgo social. Con el título de 'No hay niño imposible', ofreció, en una conferencia en el Auditorio, algunas de las claves para no malcriar a los hijos.
«Hay que poner límites a los niños. Estamos en un momento en el que la figura del maestro está muy denostada y los padres no responden», apuntó la psicóloga cuando se le preguntó por el momento actual de la educación. Está comprobado -añadió- que ni el autoritarismo es válido, ni tampoco el 'todo vale'. Recordó que muchos padres, «con la excusa de que sólo tiene diez minutos al día para ver a sus hijos, no les prohíben cosas para no hacerlos infelices. ¿Cómo si ser feliz no estuviese relacionado con haber estado triste antes! Estamos en un período en el que los educadores tratamos de redefinir el concepto de autoridad».
Ramos cree que gracias a 'Supernnany' «se habla más de educación en los medios». «Me satisface -dice- que haya debate en la calle». Para ella, con más de diez años de experiencia en el campo de la psicología infantil, el programa de Cuatro era su primera aparición televisiva.
Sólo contó con el equipo técnico, todo el trabajo psicológico con las familias corrió a su cargo. «El truco para que todo saliera bien era que sólo ponía los medios para modificar conductas. No había ningún trastorno en los niños. Si el niño tenía una rabieta daba la solución para modificar ese hábito. Luego, tras el programa, había un seguimiento».
De lo que pasa tras la emisión, puso el ejemplo de Alex, un niño de Barcelona (no le gusta hablar de casos concretos, aunque se permitió la licencia porque la madre del crío lo había contado antes) que tenía un trastorno alimenticio . Sólo se alimentaba de croquetas y patatas fritas. Cuando se emitió el programa, los niños de su clase lo vieron y empezaron a llamarlo 'El croqueta'. La psicóloga le recomendó llevar bocatas de chorizo al cole. El niño ha dejado sus frugales comidas y en el cole nadie utiliza ya el mote.
En la educación, como en casi todo, para Rocío «no hay recetas mágicas. La observación y la comunicación con el niño son muy importantes. Como ejemplo para el 'manual de padres' con poco tiempo para atender a sus hijos puso el beneficio de comer la familia junta. Esta práctica favorece la comunicación entre adultos y pequeños; se establece una rutina, algo fundamental en la educación ; se comparten tareas, como recoger la mesa; se fomenta la atención en los niños, y los hace importantes dentro del entorno.
Los padres impacientes lo tienen difícil, para la sevillana, «la educación es algo eterno, dura toda la vida. Muchas veces es un trabajo frustrante porque los resultados se ven a largo plazo».