Parece el más desenvuelto de los cuatro. Con 24 años recién cumplidos y una prometedora carrera investigadora, Miguel Rodríguez es el único de los ganadores que cuando piensa en su futuro mira hacia la Universidad de Oviedo. Y ha dado muestras de ser un buen docente. Cuando un título como 'Regulador conmutado de un motor de corriente continua controlado remotamente con sistema de monitorización de variables vía radio' se hace comprensible a oídos inexpertos en un par de minutos, es que el autor del trabajo no sólo ha disfrutado ejecutándolo, sino que le gusta compartirlo.
Detrás de esa larga denominación sólo se esconde la manipulación de un avión de aeromodelismo, el elemento más lúdico de los que han sido recompensados con honores y dispendios por el Ayuntamiento de Gijón. «El proyecto tiene un título un poco técnico, pero lo que se trataba era de hacer un sistema para jugar con un avión de aeromodelismo. Los aviones eléctricos de aeromodelismo funcionan un poco distinto a los de gasolina. En los de gasolina sabes que, como sucede en el coche, pisas el acelerador, se abre una válvula y entra más gasolina o menos. Pues para los eléctricos hay que construir un sistema electrónico que haga eso mismo: que cuando le digas al avión que vaya más rápido lo haga y cuando le mandes ir más despacio, también», explica el joven ingeniero de Telecomunicaciones.
Aplicaciones en un avión
Informal en la forma y concienzudo en el fondo, Miguel Rodríguez señala que «lo que hemos hecho es un sistema que hace todo eso, lo hace bien, es barato, es competitivo y un sistema real que podría utilizarse en un avión real. Y, además, hemos decidido añadirle una serie de funcionalidades que los aviones normales de aeromodelismo no tienen, como que envíen datos desde el avión hasta el mando que está en tierra; que estés pilotando tu avión y puedas ver la temperatura de las baterías para que no se calienten mucho; que puedas ver las revoluciones del motor para comprobar si funciona bien, o controlar el nivel de las baterías... Todo eso reunido en un solo proyecto».
Y todo ello sin ser aficionado al aeromodelismo, con el único objetivo de conjuntar en un proyecto fin de carrera todos los elementos posibles que elevaran su calificación y su ponderación profesional. Porque su vocación investigadora está ya enraizada en la Universidad. «Es que estoy en el área de tecnología electrónica, con gente puntera a nivel mundial y extraordinariamente capaz. No todo el mundo tiene esa suerte y yo no la quiero desaprovechar», asegura Miguel Rodríguez, convencido de que su carrera profesional está vinculada al campus de Gijón. «Me gusta porque lo que se hace aquí tiene una visión muy práctica porque trabajan mucho con las empresas».