El Ayuntamiento busca, otra vez sin convocar concurso, una empresa que organice las corridas de toros de La Ascensión. Y éste último aspecto ha sido el que no ha convencido a Carlos Zúñiga -nombre artístico en los tiempos de torero de Carlos García Manso-, gerente de Circuitos Taurinos S. L.
El actual gestor de la plaza de toros de El Bibio y de Valencia de Don Juan, en León, se reunió con varios miembros del Consistorio que intentaron negociar con los festejos de mayo. Para el de setiembre, «tenemos que contar con González de Caldas», confesaron los responsables municipales a Zúñiga. El empresario, afirmó, se consideró parte de una estrategia de lavado de imagen.
A finales de noviembre, el concejal de Cultura, Alfonso Román López, confirmó que el Ayuntamiento no iba a renovar su contrato con Taurotoro. Pocos días antes se había hecho público que José María González de Caldas, el presidente de Taurotoro, estaba imputado y había sido puesto en libertad bajo fianza dentro de la 'operación Malaya'. Entonces el edil explicó que se trataba de dar juego a otras empresas. El concejal socialista, Gonzalo Olmos, auguró que el equipo de gobierno no sabía cómo lavarse las manos tras la imputación. Pero para setiembre habría «cesado el temporal» y estarían dispuestos a concederle San Mateo, según Zúñiga.
Mientras tanto, el Ayuntamiento busca a una empresa que organice las corridas de La Ascensión. Taurotoro las realiza desde 2004 sin el previo concurso público que se presupone para la gestión de un equipamiento municipal. Desde entonces la Junta de Gobierno de la Sociedad Ovetense de Festejos (SOF) le ha adjudicado las fiestas y ha comprado entradas por importes cercanos a los 300.000 euros.
Los empresarios
Desde la barrera mira Bernardo Sánchez Escandón, el presidente fundador de la Peña Julián Cañedo. Desde 2004, él y otros empresarios buscan una fórmula de futuro para convertir Buenavista en un espacio polivalente en el que quepan 12.000 personas y nos las 9.360 que establece el aforo. La idea para cubrir el coso la tienen, pero les falta una fórmula para hacerlo.
En febrero, tal y como adelantó EL COMERCIO, propusieron al Consistorio una concesión por 50 años a cambio de la cubierta y la explotación. De momento, siguen dándole vueltas a su idea de sacar rendimiento a un edificio que cuenta con una protección como Bien de Interés Cultural (BIC) y cada día con mayores problemas estructurales.