«Oye, que la radio no funciona y la tele 'tien intermietencies'. Hay que llamar al 'técnicu'». Esa era la frase más pronunciada, en las décadas de los años 50 y 70 del siglo pasado. No hacía falta nombrarle. En La Marina y su entorno, ya sabían que al citar ese apelativo profesional se estaban refiriendo a José Antonio Costales Montequín, 'Antonio, el técnicu de Pión', apelativo y oficio que traspasó a su hijo Antonio. El 'técnicu' nació con una facilidad enorme para hacer montajes ya desde su infancia, que pasó en una vivienda sin suministro eléctrico, aunque que él supo suplirlo con baterías, allá en El Toral de Candanal, donde nace el río España. Cuando se electrificó la zona, siendo él todavía adolescente, se dedicó a hacer instalaciones por las casas. Fue entonces cuando se aficionó a la electrónica.
Realizó un curso por correspondencia y se diplomó como radiotécnico, por Radio Enseñanza de Madrid. Para principios de los años 50, ya había comenzado a montar radios. «Compraba el material a Mercurio, pues por el porte me salía más 'baratu'», recuerda.
Recogida
En muchas ocasiones las construía por encargo y luego, en bicicleta, las repartía a domicilio. Durante ese tiempo de auge de los aparatos de radio, puso a funcionar decenas de ellas, salidas de su taller. Hasta construyó una radiogramola, que vendió por 5.000 pesetas y recompró porque funciona perfectamente.
El tiempo no para y la renovación del técnico de La Marina, tampoco. Al llegar la época de la televisión, le fichó Phillips Ibérica como representante y técnico oficial de la zona. Antonio se lanzó a la tarea de ir puerta a puerta ofreciendo el novedoso producto. Pero, cada vez que vendía un televisor, tenía que comprar el aparato de radio usado. «A veces pagaba por la radio más que lo que me pertenecía de comisión» Y así, con paciencia -él es muy cachazudo-, llenó las viviendas de teles, pero a cambio se llenó él de aparatos de radio con más de cincuenta años de antigüedad. Así consiguió una colección de más de 70 aparatos, que le piden para hacer exposiciones o, a veces, curiosos y coleccionistas que gustan de estas cosas. Antonio sabe que es poseedor de un tesoro. Sin embargo, aunque también dispone de él, no acaba de encontrar el lugar adecuado para mostrarlo. Eso sí, la radiogramola ocupa un lugar preferente.
Jubilado desde hace una década, es un hombre de continua actividad, voluntario cooperador de la asociación de mayores Cuídame, Cuídome, de La Marina, siempre cámara de video en mano.
Viticultura
Ahora, ha descubierto su faceta viticultor, y año cosechó media tonelada de uva. Con una prensa fabricó unos trescientos litros de vino blanco que, una vez fermentado, llevó al Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida), donde le certificaron una buena cantidad, lo que le anima a aumentar la plantación. Pudiera ser que la comarca, después de perder un técnico electrónico, descubriera un empresario vinícola en ciernes.
«Lo hago por estar ocupado en algo. No lo vendo, lo reparto entre amigos, que tengo muchos» Eso, por supuesto. Después de cincuenta años, como si un médico de cabecera fuese, visitando las viviendas del entorno, reparando radios, televisores u otra clase de aparatos domésticos, su popularidad no tiene límites. Aunque haya cedido el testigo a su hijo.