No todo el mundo puede ser donante. Faustino Valdés explica que sólo el 18% de los asturianos pueden someterse a una extracción. ¿Por qué? «Porque el 50% no puede donar por la edad (menores de 18 y mayores de 65); el 20% no puede por causas patológicas; y del 30% restante, un 12% no puede donar porque tiene miedo al pinchazo, a la aguja, o a la sangre, y si entran les da una lipotimia. Así que nos queda un 18% y en Asturias vamos por un 4% de donantes», explica.
-¿Cómo se puede animar a la gente para que done sangre?
-Es difícil. Creo que tiene que ser el boca a boca. ¿Cuándo se está más sensible a la donación? Cuando en el entorno familiar alguien necesita sangre, pero una vez que pasa la enfermedad, muchos olvidan. La sociedad se va sensibilizando poco a poco. Nosotros intentamos llegar a la sociedad, no esperar sentados a que sean ellos los que se acerquen. Por eso vamos al campus universitario, a las parroquias, a los colegios y a las asociaciones de vecinos.
Tradición familiar
-¿Los movimientos vecinales se implican?
-En Gijón nos apoyamos mucho en estas asociaciones, porque son las que mejor conocen sus barrios. Y en la Feria de Muestras, en la que este año conseguimos 2.000 bolsas.
-¿Qué barrios donan más?
-Las zonas más sensibles son El Coto, La Calzada y Pumarín, los tres barrios que más se implican desde siempre, donde hay una mayor tradición.
-Para conseguir esa «tradición» y la fidelidad de los donantes, ¿cómo hay que trabajar?
-Creo que aquí podemos seguir el ejemplo de lo que se hizo en el País Vasco. Allí se empezó por los colegios, por ir mentalizando a los jóvenes de que donar es importante. En Vitoria, al cumplir los 18, los jóvenes se sacan el carné de conducir y van a donar sangre, lo ven normal. Yo tengo una hija que es donante porque lo ha visto en casa, y la otra no puede porque no da el peso; en el momento en que hay un donante en la familia, es más fácil hacer apología de la donación.