Viernes, 5 de enero de 2007
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GIJÓN

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El editor y su diario
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Pocas horas después de su muerte, y con la imagen nítida de don José y toda su disposición vital bien presentes, no es precisamente la reflexión sobre la futilidad de los esfuerzos humanos la que comparece ante nosotros. Al contrario, incluso prevaleciendo sobre la natural tristeza por la pérdida de alguien cercano, la confianza en las capacidades y en las obras de los hombres pide paso en la evocación de la personalidad de quien durante décadas rigió los destinos de la empresa editora del diario que ustedes tienen en sus manos.

128 años es una edad imposible para las personas. Pero en ocasiones el fruto de su esfuerzo supera en longevidad a quienes lo llevaron a cabo. El caso de EL COMERCIO, con su decanato de la prensa asturiana y su antigüedad entre la española, es un ejemplo nítido. Y el papel de José García Prendes-Pando en él, también. De ese siglo y cuarto largo de vida de nuestro diario, más de los últimos cincuenta años están íntimamente ligados a la actividad de don José.

Desde su entrada en la sociedad editora de EL COMERCIO, mediado el pasado siglo, hasta la actualidad, debió hacer frente junto a quienes trabajaban en el periódico a todo tipo de circunstancias adversas y, claro está, aprovechar las favorables, que no es habilidad menor. Las transformaciones políticas, sociales, económicas que experimentó España, junto a las del propio sector de los medios de comunicación, fueron de tal calado en estos años que comparar la empresa y el diario de entonces a los actuales se hace injusto. Pero lo que es un hecho es que EL COMERCIO ha sabido consolidar su vocación e influencia en Gijón y en Asturias a la vez que adquiría fortaleza empresarial y solidez profesional y hoy se encuentra preparado para afrontar las vicisitudes por venir.

Ya desde aquellos primeros tiempos en los que el ejercicio de la actividad periodística debía desenvolverse con el baldón de un régimen sin libertades públicas, en los que la escasez de papel era un verdadero yugo para los periódicos de provincias, y en los que la simple provisión de medios que hoy consideraríamos rudimentarios era tarea ardua, funcionó en lo empresarial el concierto con Julio Maese Alonso y Ramón Suárez Cifuentes, los otros copropietarios que participaron en la dirección de la sociedad. En lo informativo, el tándem con Francisco Carantoña duraría cuatro décadas, entendimiento fructífero que no estaría exento, podemos aventurar, de la discrepancia proveniente del contacto entre dos personalidades enérgicas.

La transición a la democracia y los años posteriores discurrieron parejos a la evolución tecnológica de los diarios. Dos avatares de carácter dispar pero convergentes en su relevancia a la hora de garantizar la supervivencia del medio: si el nuevo marco político implicaba una adaptación de los planteamientos informativos de la que no todos salieron triunfantes, la disposición y acierto en las inversiones en tecnología, ámbito en el que la informatización y el 'offset' revolucionaron en pocos lustros los periódicos, garantizaría la eficiencia de la parte industrial de la empresa.

Finalmente, ya en la última década del siglo XX, Prendes-Pando pilotó la integración de EL COMERCIO en el principal grupo de prensa diaria español, el que hoy es Vocento, con lo que remataba el tránsito de la empresa familiar hacia nuevas cotas de profesionalización y de acuerdo con las requerimientos de la llamada economía globalizada.

Basten estas pinceladas sobre la historia reciente de EL COMERCIO para señalar la relevancia de las decisiones en las que José García Prendes-Pando hubo de participar y que han contribuido a definir, hoy día, un diario que, sin duda, en buena parte es resultado de su esfuerzo.

Hasta hace pocas semanas, como presidente de honor, don José participaba activamente en los consejos de administración de la sociedad, siempre preocupado por su diario, su región, su país. Quien ha sido uno de los últimos representantes de una memorable generación de editores españoles, nunca dejó de estar al día de cualquier novedad que fuera útil para EL COMERCIO. De ello da fe su entusiasmo con el proyecto multimedia emprendido por el periódico y que abre nuevos campos a la actividad informativa. Aunque mi trato con él comenzase en los últimos años, ya nonagenario, fue suficiente para entrever cómo discurrieron esas vidas paralelas, la del editor y su diario, durante tantas décadas, y cómo su personalidad contribuyó a forjar la de la obra que le trasciende.

 
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