Miércoles, 10 de enero de 2007
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Don Pío destaca que Concepción González hizo de La Pondala «una prolongación de su mesa»
Familiares, amigos y clientes despidieron en San Julián a la nieta de los fundadores del conocido restaurante de Somió
Don Pío destaca que Concepción González hizo de La Pondala «una prolongación  de su mesa»
FUNERAL. El yerno, la hija y las nietas de la fallecida, ayer, durante el acto religioso. / CITOULA
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Familiares, amigos y fieles clientes del restaurante La Pondala despidieron ayer a su propietaria, Concepción González Álvarez, fallecida el lunes a los 82 años como consecuencia de los problemas respiratorios que padecía. La iglesia de San Julián de Somió lució abarrotada en una jornada soleada de luto en la parroquia, donde la mujer residía desde su nacimiento y donde había cosechado gran cariño y simpatía entre sus vecinos a lo largo de su prolífica vida.

«Supo hacer del restaurante, más que una empresa, una prolongación de su mesa», destacó en la homilía el párroco, don Ángel Pío Sánchez, amigo personal de la finada, de quien ensalzó «la profunda humanidad y religiosidad, lo que hizo que sus clientes fuesen más amigos y hermanos que clientes».

La hija de la fallecida, María Jesús Caso González, y su marido, Roberto Riginelli, recibieron numerosas muestras de afecto por parte de los presentes, muchos de los cuales recordaron con nostalgia los platos que les cocinaba Conchita, como la llamaban sus allegados. Junto al matrimonio, que en la actualidad regenta el conocido establecimiento, estuvieron en todo momento las nietas de la fallecida, Adriana y Bárbara.

«Se crió entre fogones»

Concepción González Álvarez era nieta de la fundadora del restaurante, María González, 'La Pondala', de la que el negocio heredó su sobrenombre. Abrió sus puertas en 1891 y se alza como uno de los pocos establecimientos hosteleros centenarios que aún perduran en el concejo. Conchita nació en la casa del restaurante y, según apuntaron sus familiares, «se crió entre los fogones».

Los que la conocieron no dudan en otorgarle gran parte del éxito y el prestigio con el que hoy cuenta este negocio hostelero. «Hacía el mejor 'roastbeef' de Asturias y tenía una mano inigualable con el arroz con almejas», decía un hombre en uno de los numerosos corrillos que se formaron a la entrada del templo.

El párroco de San Julián trajo además a la memoria al difunto marido de Conchita, «quien murió justo hace ahora seis años y con quien compartió toda su vida formando un matrimonio ejemplar». La fallecida se casó con José Luis Caso, quien se convirtió -según apuntó don Pío- «en la cara visible del negocio y en el relaciones públicas». El hombre compaginaba su trabajo en el restaurante con su empleo en las oficinas de Hidroeléctrica del Cantábrico.

Concepción González Álvarez se fue desvinculando del negocio hace veinte años, «aunque nunca llegó a perderlo de vista por completo», aseguraba ayer un familiar, emocionado por el tributo de los gijoneses a esta gran mujer.

El cuerpo de la fallecida recibió cristiana sepultura posteriormente en el cementerio de la parroquia de Somió.

 
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