La Policía Local abatió a disparos a un mastín de grandes dimensiones que intentó atacar a su propietario en una finca de la parroquia de San Andrés de los Tacones. El animal había mordido ya al dueño el pasado 5 de enero, causándole heridas que le obligaron a permanecer en un centro hospitalario de la ciudad durante tres días.
Los hechos se produjeron en torno a las nueve de la noche del martes, cuando el perro se soltó la cuerda a la que permanecía atado. Su propietario, un hombre de avanzada edad, se encontraba en el interior de la vivienda de la finca y ante el temor de volver a ser atacado si intenta él mismo controlarlo, requirió la presencia del lacero municipal. La peligrosidad del can, que según la Policía pesaba en torno a 50 kilos, hizo que tampoco él pudiese contenerlo y volverlo a atar. El perro se avalanzaba a todos aquellos que intentaban acceder a la propiedad.
Hasta el lugar se trasladó una patrulla de la Policía Local. Los agentes administraron al animal sedantes con la comida, pero el perro no respondía a los efectos que esperaban. Fueron los propios dueños del can los que autorizaron a la Policía a sacrificar al animal mediante varios disparos, ya que consideraron que era la única forma de controlar la difícil situación. El cadáver del mastín fue llevado al vertedero de Cogersa por los miembros de la Fundación Altarriba, que controlan las perreras municipales y el lacero.
Emilio Noval, concejal del Partido Popular, criticó ayer la actuación al considerar que «el fin no justifica los medios y lo normal en estos casos es que el lacero municipal hubiese controlado la situación sin tener que matarlo». Para el edil, «esta figura debería estar dentro del cuerpo de la Policía Local».