Jueves, 18 de enero de 2007
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GIJÓN

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Un año de agonía
La familia de Rosindo Marqués celebró ayer el cabo de año del joven asesinado en La Coría, cuya muerte sigue sin ser esclarecida «Era un chico muy hábil y muy apegado a la parroquia, donde era muy querido»
Un año de agonía
FUNERAL. Familiares y amigos de Rosindo Marqués en la misa de San Nicolás de Bari, ayer, por el aniversario de su muerte. / CITOULA
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Lo enterraron hace un año, pero sus familiares y amigos aún no descansan. Los allegados de Rosindo Marqués Pinto hicieron ayer piña para celebrar el primer aniversario del asesinato del joven de 31 años, que apareció muerto junto a una caseta de obra en La Coría, con tres heridas producidas con un pico de encofrador, en la madrugada del 17 de enero de 2006. Un año después, el caso aún no se ha cerrado y los dos únicos imputados en el homicidio murieron a los pocos meses del crimen. Ayer, su gente lloró en silencio y rezó para que se esclarezca el asesinato.

Serenos, pero con lágrimas en los ojos y gestos de dolor en el rostro, el hijo, la esposa, los padres y hermanos del fallecido asistieron a un emotivo funeral en la parroquia de San Nicolás de Bari, en El Coto, donde el joven residía desde que, con dos meses de vida, llegase a Gijón junto a su familia desde su Portugal natal. «Era una persona joven, que tenía derecho a vivir y al que la muerte le sobrevino por sorpresa y sin merecerlo», relató el párroco Fernando Fueyo, amigo personal del fallecido, al que recordó como «un chico muy hábil, muy apegado a la parroquia, donde hacía algunos trabajillos con una furgoneta y donde era muy querido».

No se vivieron episodios de llantos ni de manifiesto dolor. Tan solo los sentidos abrazos de los vecinos y amigos hacia la familia reflejaron el intenso pesar que en los últimos doce meses ha causado el asesinato de Rosindo. «Sólo queremos que encuentren al culpable», comentaba en un corrillo uno de los hermanos de la víctima.

El hijo del fallecido, que justo ayer celebraba su noveno cumpleaños, asistió al funeral por el primera aniversario de la muerte de su padre con inusual entereza para su edad. Durante la eucaristía, pasaba la mano por el hombro de su madre y la consolaba diciéndole frases al oído. A su lado, estrecharon filas los hermanos, cuñados y sobrinos de Rosindo. «Esta familia no se merece lo que le está pasando; es muy duro que se muera un chaval tan joven, pero mucho más si se va de la forma que él lo hizo y además no encuentran al culpable», apuntaba Marisa Gutiérrez, vecina de El Coto.

Asesinato en la noche

Rosindo Marqués Pinto fue hallado muerto por un operario de las obras de la ronda de la Autovía Minera. Presentaba dos golpes en la espalda y uno en la cabeza. De lo que sucedió en las horas previas a su muerte poco se sabe. Varios testigos lo vieron en compañía de otro hombre por la calle de los Hermanos Felgueroso en dirección a la rotonda de La Coría. El resto son especulaciones.

Los dos únicos imputados en el caso, los hermanos Fernando y Paulino Camín Nosti, fallecieron meses después del crimen. El primero se ahorcó en la senda del Cervigón varios días después de ser detenido y posteriormente puesto en libertad por falta de pruebas incriminatorias. Paulino murió por causas naturales el pasado mes de septiembre en un parque de El Coto. El caso está aún por esclarecer y será el juez quien decida si se archiva provisionalmente.

 
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