Estaba lleno de arbustos y hoy en ese mismo entorno se levanta el único hotel temático de Asturias. Se llama Casona el Gurugú, se encuentra en el Chano de Luarca, en Valdés, y lleva funcionando desde el pasado mes agosto como establecimiento turístico que atesora en sus muros una historia singular.
Se trata de unas instalaciones que en el pasado han tenido múltiples usos: desde escuela o acuartelamiento durante la Guerra Civil hasta casa de postas. Pero hoy, este edificio de unos 1.500 metros cuadrados se ha convertido en un hotel rural de cuatro estrellas dedicado al imaginario colectivo de la sociedad luarquesa. Su propietario, Avelino Crespo, trabajó durante años en este casona que tiene ahora un carácter diferencial como establecimiento turístico. Y es que el hotel dedica cada una de sus diez habitaciones a personajes singulares: la maestra, el indiano, el músico, el cineasta, el director de teatro, la ama de llaves, el transportista y el estraperlista.
«Durante dos años y medio vine a revisar la obra a diario», confiesa. No fue para menos porque la inversión ascendió a 900.000 euros, un montante que financió el grupo de desarrollo rural del Valle del Ese-Entrecabos en un 30%.
La instalación abrió sus puertas el pasado mes de agosto. Desde entonces, sólo le llegan demandas. Pero el trabajo previo para lograr este éxito, no fue fácil. Avelino Crespo compró la casa en 1995, pero no empezó a pensar en desarrollar un proyecto en ella hasta hace cinco años. «La idea me llegó de todo lo que vi en los viajes que hice». Pensó que las casas rurales, sin más, se contaban por centenares en la comarca y por eso quiso ir más allá: «Me decidí por recuperar la historia y trasladarla al cliente a través de objetos».
Para ello, recopiló materiales de donde pudo: de amigos, conocidos y, sobre todo, de internet. Cosas antiguas que dieron a cada habitación del hotel un toque particular: en la habitación de la profesora se puede ver una esfera del mundo o armarios con dibujos con letras; en la del músico, los instrumentos; en la del cineasta, referencias a los grandes del séptimo arte; en la del indiano, puros y recuerdos de La Habana. Así hasta completar diez habitaciones dedicadas a otros tantos personajes.
Todo ello, con una decoración perfectamente estudiada, en la que se ha medido desde el color de las paredes hasta la forma de los armarios. «Llevó todo mucho tiempo», comenta Avelino. Y también muchas noches de desvelos, porque la historia del hotel es la historia «de un capricho», según su propietario relata.
«No es un sueño es algo que tenía en mente y que sabía que algún día tenía que salir adelante, sin más». Antes, este empresario luarqués, que al principio se dedicó a la zapatería que aún regenta en la villa, había pensado en abrir un negocio también enfocado al turismo. «Quería montar algo, pero en el centro de Luarca», explica.
Sin embargo, el destino acabó por dar oportunidad a su máxima inquietud. Antes de iniciar obra alguna, el programa Leader del Valle del Ese-Entrecabos confió en el proyecto. «Les pareció una buena idea, sobre todo lo por novedoso», comenta Avelino. Ese fue el empuje final. Hoy, no está descontento con el resultado. A visitar la casona han acudido, desde que abrió el pasado mes de agosto, más de un centenar de personas y su propietario tiene reservas para el próximo agosto.
El encanto del hotel no sólo está en que es temático, también en sus vistas y en los servicios de que dispone. Entre sus acicates, se encuentra la terraza, desde la que se divisa todo Luarca y donde se encuentra la piscina. Además, dispone de un minicine con filmoteca y cafetería. El capricho, con todos los servicios incluidos, de 70 a 120 euros la noche.