NUEVAS muestras lexicográficas paridas por el caletre de ese que oculta su identidad tras el apodo Dascoíte:
Balde: lugar legendario donde no existen los relojes: el tiempo no pasa en balde.
Críticas: se suele emplear tanta energía en juzgar a los demás que apenas resta tiempo para ejercer la sana autocrítica. Lástima que los críticos no sean conscientes de esta atinada reflexión sobre su idiosincrasia: «Persona que se enorgullece de lo difícil que resulta complacerla, cuando nadie intenta complacerla».
Entendimiento: en palabras del ecolástico elástico Tomás de Aquisí, «es una potencia del alma que nos permite llegar a entender que esto no hay dios que lo entienda».
Havllezión: pocas caben, gramaticalmente hablando, que puedan superar la que ustedes acaban de leer.
Idiosingrasa: índole del temperamento y carácter de las personas que son puro pellejo pegado al hueso.
Insobornable: dícese de quien jamás fue tentado.
Novicio: persona llamada a cumplir los votos de una orden religiosa y, por ende, a no profesar vicio alguno, según expresa con claridad meridiana la propia etimología de la palabra. Claro que la fe engancha y es muy viciosa, y ello a pesar de tratarse de una creencia sin pruebas en lo que nos cuenta alguien que habla sin conocimiento sobre cosas incomparables.
Palabrería: en no pocos mítines electorales se prefieren palabras que rezuman idéntica dosis de inteligencia a las de los loros (con perdón de tan simpáticas aves, especialmente del loro de mi suegra).
Ser: a ver si este fragmento de un diálogo aprehendido durante un paseo filosófico de la Escuela Peripatética de Caleya les aclara algo sobre el controvertido concepto:
«-Ya salga de la boca de un tendero o de un filósofo, la palabra 'ser', tan rica, tan seductora, tan llena de significado en apariencia, no quiere decir nada -comentó el ecléctico apodado Casacites.
-Gracies por nada, ho -díjole Julián de Cimavilla.
-De nada».
Veodo: vocablo formado a partir de la unión de un tiempo del verbo 'ser' con la contracción de la palabra 'doble'.