«Lorena se puso unas gafas de realidad virtual con las que a veces veíamos películas porno y explotaron cuando yo había salido del coche para hacer mis necesidades». Mario C. L., el joven leonés acusado de intentar a asesinar a su por entonces amiga Lorena Cano, para cobrar un seguro del que era beneficiario, ofreció ayer en la primera sesión del juicio una versión muy distinta a la de la víctima. El acusado asegura que no colocó «ningún tipo de explosivo en el dispositivo de imágenes que yo había comprado y que utilizábamos los dos para ver CDs o DVDs; no sé por qué explotó, pero yo no tengo nada que ver». Sí confesó que «teníamos pensado fingir el secuestro de Lorena en Colombia, para cobrar un seguro de vida y repartírnoslo cuando yo volviese; era una cosa de los dos». La joven de Piedras Blancas había firmado una póliza a su favor, por importe de 360.000 euros.
Los implicados ofrecieron versiones totalmente distintas y sólo coincidieron al afirmar que se habían conocido en un chat de internet meses antes, y que ella había suscrito un seguro de vida a nombre de su presunto agresor «para hacerle un favor personal».
El juicio por el intento de asesinato de Lorena Cano, en diciembre de 2003, a manos de Mario C. L., arrancó ayer, en la Audiencia Provincial, todavía con numerosas lagunas en el desarrollo de los hechos. Los implicados no se pusieron ni siquiera de acuerdo en el lugar en el que a la joven, de 23 años, le explotó el artefacto entre las manos, causándole heridas graves que le provocaron una minusvalía en la mano derecha (las gafas conectadas al mismo también tenían un explosivo, que no estalló). La investigación señala un descampado cercano a Mina La Camocha, mientras que ni el acusado ni la víctima lo pudieron indicar con precisión.
Falta de memoria
El joven leonés, de 29 años, ofreció un relato marcado por «la falta de memoria», un problema que achacó «a una enfermedad que tengo desde hace tiempo y por la que se me olvidan las cosas muchas veces». Así, manifestó no acordarse de la fecha en la que conoció a Lorena Cano, ni del lugar en el que habían parado el coche la noche del 9 de diciembre de 2003.
Según su versión de los hechos, acudió a recoger a la joven a un punto «cercano a la estación de tren de Gijón, a media tarde»; recorrieron «siete u ocho locales de copas» y luego se fueron a dar una vuelta en un vehículo que le había prestado un amigo mientras reparaba el suyo. «Lorena se puso las gafas, yo salí del coche y oí como un petardo. Cuando entré la vi dentro con heridas y le pregunté qué le había pasado. Luego la llevé hasta la sala de urgencias del hospital y estuve esperando en el aparcamiento; no entré con ella porque estaba en libertad condicional y no quería que me relacionasen con problemas», explicó. El joven aseguró que «entré al hospital y le pregunté a un celador, pero me dijo que no sabía nada de ella y me fui para León porque había quedado con mi madre».
Soldador en Avilés
Mario C. L. acusó a Lorena de «consumir cocaína y otras drogas». Un aspecto que fue rotundamente rebatido por la joven, quien aludió «a los análisis que me hicieron en el hospital» para corroborar su versión. El joven leonés, que cumplió previamente seis años de condena por robo con violencia y tenencia de explosivos, aseguró que el detonador que fue hallado en su vehículo «era un utensilio de trabajo con el que poníamos puntas de acero». Mario C. L. trabajaba como soldador en una empresa de Avilés. Además, dijo en todo momento que «Lorena estaba al corriente de todo lo del seguro y sabía lo que teníamos planeado».
Ella, por su parte, justificó que «firmé el seguro de vida como un favor personal hacia él y fue luego cuando me contó todo lo que pensaba hacer en Colombia; yo le dije que no quería problemas y, de hecho, me había olvidado del seguro cuando me estalló el explosivo. Llevaba varios meses sin apenas tener contacto con Mario, porque él estaba trabajando en Cádiz».
La joven narró que «esa noche me pidió que le ayudase a encontrar a una persona con la que tenía algún problema relacionado con las drogas, y por eso me puse las gafas, para ayudarlo, como un favor personal». Lorena sostiene que Mario le dijo que las gafas en cuestión servían para localizar automóviles a distancia. la chica afirmó que «no sospechaba nada malo de él. Si no, no estaría sentada en el coche». Según su testimonio, Mario C. L. le puso «unas gafas de solarium que conectaban mediante unos cables a una caja y me dijo que estuviese quieta durante cinco minutos y salió del coche; cuando pasó un minuto explotó la caja y yo salí del coche con mucha sangre por el cuerpo. Le pedí que me llevase al hospital y me dejó cerca del aparcamiento. Le pregunté a una señora dónde estaban las urgencias y al llegar di una versión distinta, porque él me lo había pedido».
Lorena Cano contó en un primer momento que había resultado herida por una pelota que se había encontrado en el campus universitario. «Hasta dos días después no fui consciente de que había intentado matarme». La chica añadió que «nunca me había amenazado directamente, pero dejaba caer que si le decía a alguien lo del seguro me pegaba dos tiros».
Cambio de versión
La joven afirmó que había mantenido «la versión de la pelota por miedo» y que a pesar «de que Mario nunca me pegó, sí que le tenía miedo por sus cambios de humor y porque sabía que estaba metido en rollos raros». Presuntamente, Mario C. L. cambió las lunas del coche afectadas por la explosión, aspiró el interior del vehículo en un local especializado de Gijón que abre las 24 horas y tiró las gafas a la basura. En su domicilio se encontró un DNI falsificado, así como el documento nacional de identidad de Lorena Cano y su partida de nacimiento. «Las tenía en mi casa porque ella me había hablado de casarnos», explicó el acusado.
Según la acusación particular, Mario C. L. había intentado matar a la víctima pocos días antes, en Reinosa, pero abortó el plan «por no encontrar el momento oportuno». «Es mentira. Ella fue a pasar unos días a casa de unas amigas y me llamó para que quedásemos», opuso él.
La fiscalía solicita una pena de 19 años para el acusado: 12 años por asesinato en grado de tentativa, 6 años por tenencia ilícita de explosivos y un año y medio por falsificación de documento oficial. La acusación particular incrementa la pena hasta los 25 años y pide una indemnización de 63.000 euros, por los 564 días de incapacidad para la víctima. La defensa solicita la libre absolución. MARIO C. L.
LORENA CANO