Hace un año, el puerto pesquero era poco más que una parte del paisaje avilesino. La actividad económica de la Cofradía de Pescadores, que movía hasta entonces cerca de 36 millones de euros anuales y 17 millones de kilos de pescado (ocho veces más que su más directo competidor, Gijón, y el 80% del total de subastas de pesca de Asturias), que lideraba un sector con cerca de tres mil empleos y que aglutinaba en torno suyo a decenas de empresas, pasaba prácticamente inadvertida.
Sin embargo, hace poco más de un año, la construcción de la nueva lonja climatizada, en la que se han invertido cerca de 12 millones de euros, estaba en marcha y, a ojos de profano, las perspectivas de negocio eran positivas para un puerto pesquero con una flota moderna que ya había hecho de Avilés uno de los principales puertos pesqueros de España.
Pero, hace poco más de un año, esas perspectivas empezaron a torcerse. Las relaciones entre la Autoridad Portuaria, la Administración pesquera del Principado y la Cofradía de Pescadores hacía tiempo que no eran fluidas. Y esas fricciones acabaron por hacerse públicas en puertas de inaugurar unas instalaciones pesqueras largamente demandadas por la Cofradía para competir con los pujantes puertos lucenses de Burela y Celeiro. Ni el Puerto, ni el Gobierno asturiano, estaban dispuestos a que los mismos gestores que durante años manejaron el grueso de la pesca asturiana desde Avilés siguieran en esa posición, y la adjudicación de la gestión de la nueva lonja parecía el momento propicio para ello. A los cruces de declaraciones se sumaban entonces los contactos del Puerto y la dirección general de Pesca con diversos empresarios, armadores o comercializadores, para promover una alternativa a la Cofradía que pudiera hacerse con la gestión de la lonja.
De forma paralela, el sector vivía sus 'crisis eternas': el alza del precio del gasóleo y la falta de bocarte se sumaban a la inminencia de un cambio en el sistema de cuotas de merluza en los caladeros comunitarios, modificación que amenazaba con llevar al amarre a la flota avilesina afectada. Se trataba de los palangreros y volanteros comunitarios, los veinte barcos que generaban el 42% del valor de las subastas de la Cofradía de Avilés, dedicados fundamentalmente a la merluza, con la que movieron en 2005 cerca de 13,4 millones de euros.
El riesgo que entrañaba para ellos el cambio de norma se tornó en un cierre de filas en favor de la Cofradía y contra la dirección general de Pesca. Sin embargo, esa actitud se quebró al poco tiempo. Tras una serie de contactos con el Gobierno asturiano y con la Autoridad Portuaria, los armadores de la flota comunitaria se animaron junto a los propietarios de tres arrastreros a fundar Lonja Avilés y optar a la gestión de las nuevas instalaciones. El problema del cambio en la norma de reparto de cuotas de merluza se desvanece. A la Cofradía, al fin, le salía un competidor que cuenta con el beneplácito de quienes, por activa y por pasiva, han expresado su determinación por apartar a la vetusta entidad del control de la pesca asturiana.
La situación acelera entonces los pasos para abrir la nueva lonja. Tanto, que la Autoridad Portuaria autoriza las reformas para subsanar los defectos en las nuevas instalaciones que venía denunciando el sector. Para ello, no duda en anunciar a la Cofradía que deberá abandonar la fábrica de hielo y la nave polivalente, dos instalaciones consideradas básicas que ofrecen servicios a la flota que opera en Avilés y para los que no habría alternativa posible en Asturias. Pero la sangre no llegó a la ría. Una visita por sorpresa del presidente del Principado propició un acuerdo que parecía calmar las aguas. Pero la tranquilidad no duró mucho. La tensión acabó con la suspensión de los armadores de Lonja Avilés como socios de la Cofradía. «No se puede estar en misa y repicando», dijeron entonces desde la entidad pesquera.
La respuesta no se hizo esperar. Lonja Avilés, con toda la capacidad que le otorga el aglutinar al conjunto de la flota comunitaria (en 2005 subastó 2,6 millones de kilos de merluza frente a los 2,9 millones del conjunto de Asturias), amenaza con irse a Gijón si no dimite el patrón mayor.
Consecuencias
Y su amenaza se cumplió la semana que hoy concluye, con el traslado de sus descargas a El Musel y al puerto lucense de Burela. Todos los expertos coinciden en que la maniobra, si llegara a persistir en el tiempo, acabaría por trasladar su actividad a Galicia y Santander (ni El Musel ni ningún otro puerto asturiano cuentan con las instalaciones, cámaras de frío, fábrica de hielo y otros servicios que precisa una flota tan específica como esta). Tras ellos, a buen seguro, se irían los grandes compradores, los mayoristas que surten a mercados de toda España de pescado asturiano, de 'merluza de Avilés'. FERNANDO IGLESIAS
PILAR GIMÉNEZ
GREGORIO LÓPEZ
ALBERTO VIZCAÍNO
MANUEL PONGA