Tres siglos de historia del toreo pasaron página ayer en Madrid con la muerte del último integrante de la dinastía 'Bienvenida'. Ángel Luis Mejías, último eslabón taurino de su generación familiar, falleció ayer a los 82 años a consecuencia de un cáncer. Tan sólo queda Miguel 'Bienvenida', hijo de Ángel Luis y que llegó a ser novillero con caballos, pero su carrera no llegaría a cuajar. La dinastía ha sido una de las más importantes de la historia del toreo, con ocho representantes en cuatro generaciones. El último patriarca
La muerte de Ángel Luis 'Bienvenida', que toreó dos veces en Oviedo, cierra una de las dinastías más importantes de la historia
Fue fundada a mediados del siglo XIX por Manuel Mejías Luján ' Bienvenida', nacido en Bienvenida (Badajoz), de donde tomó el apodo, y fue banderillero con los primeros espadas de su época, entre otros los célebres 'Minuto' y 'Bocanegra'.
Ángel Luis nació un 2 de agosto de 1924 en Sevilla. Era hijo del llamado 'Papa negro del toreo', Manuel Mejías Rapelas y hermano de los también toreros, Pepe y Antonio.
Su carrera fue corta en los ruedos, pero su estilo vertical y amanoletado dejó muy buena impronta. Sobre todo fue precoz, se puso delante de un astado por primera vez nada menos que a los siete años.
La alternativa tardaría un poco más en llegar, el 11 de mayo de 1944, en Las Ventas, con sus hermanos Pepe y Antonio como padrino y testigo, respectivamente. Todo quedaba en la familia.
En Asturias toreó dos veces, las dos en la plaza de Buenavista de Oviedo. La primera fue como novillero, el 21 de septiembre de 1943. Y no le fue mal: cortó dos orejas y el rabo.
Luego, volvería a la plaza ovetense ya con la alternativa tomada. Sería un 18 de junio de 1944 y compartiendo cartel con sus hermanos Pepe y Antonio, como tantas otras tardes de feria.
El 'inglés'
Por su aspecto físico -figura estilizada y rubio de tez- y por sus modales de hombre prudente en el trato y siempre elegante en las formas, su padre le llamaba cariñosamente 'el inglés de la familia', algo que no cuajaba con su afición a la espada.
Sin embargo, su vida estaría siempre ligada al mundo del toro, dentro y fuera de los ruedos. Cuando se cortó la coleta, ejerció como apoderado de toreros como Antonio Ordóñez, Julio Robles y, como no, su hermano Antonio.