Domingo, 4 de febrero de 2007
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Conmoción en Italia por la muerte de un policía en la batalla campal de Catania
La paralización del fútbol en todas las categorías, desde aficionados hasta la selección nacional, fue la respuesta a los graves disturbios del derbi siciliano
Conmoción en Italia por la muerte de un policía en la batalla campal de Catania
FLORES. Aficionados y allegados del policía muerto colocaron diversos ramos en el lugar donde se produjo la agresión mortal. / EFE
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Un policía muerto por intentar separar a dos masas de energúmenos que quieren pegarse porque son de equipos de fútbol distintos es demasiado absurdo, y el peso de esta tragedia cayó ayer sobre toda Italia. La Policía ha detenido a 22 personas por los disturbios del viernes en Catania, tras el derbi siciliano que ganó el Palermo (1-2), y otro aspecto del drama es que nueve son menores de edad. De momento, ninguno está imputado por la muerte del agente, pero la acusación es homicidio voluntario y las autoridades examinan las imágenes grabadas en busca del culpable.

Una fuerza de 350 agentes registró ayer todos los locales y clubes de aficionados de Catania en busca de pruebas. Por segunda vez en la historia (la primera fue en 1995), el 'calcio' suspendió la Liga por incidentes. Hoy se decidirá hasta cuándo y la 'Gazzetta dello Sport' habla de dos jornadas, pero ayer ya empezó a criticarse desde la judicatura y parte del mundo del fútbol la decisión de haberlo parado en todas las categorías este fin de semana. Lo que es seguro es que el Catania, único responsable a causa de sus temibles 'tifosi', lo pagará caro. La selección, que debía disputar un amistoso con Rumanía el miércoles, tampoco jugará.

Una 'bomba de papel'

El agente Filippo Raciti, de 38 años y sueldo de 1.200 euros, con dos hijos y a quien ni siquiera le gustaba el fútbol, recibió en la cara el impacto de lo que se llama en Italia una 'bomba carta' ('bomba de papel'), lanzada al exterior desde una terraza del fondo Norte del estadio. Elemento habitual en los estadios italianos, es un cilindro de cartón con un mecha que contiene pólvora y petardos. Además de los efectos de este artefacto, Raciti pudo haber inhalado gases de botes de humo y lacrimógenos, detalles que aún se investigaban.

También se deben reseñar las dificultades que tuvo la ambulancia para llegar hasta él en plena batalla campal, con 1.500 agentes acosados y sobrevolados por helicópteros. La ambulancia fue atacada y dos agentes lograron conducirle en una camilla, a pie, hasta el vehículo de emergencia. En Italia la conmoción era general. El balance fue de nueve 'carabinieri' y 52 policías heridos. No hay datos sobre ultras heridos, porque no pasaron por el hospital para no ser detenidos. Como último dato de contexto, un agente contó que la semana pasada la víctima había testificado en un proceso contra un ultra, que pactó la pena y salió de la sala riéndose.

La indignación y el hastío por algo que no tiene nada que ver con el deporte se duplicó ayer cuando aparecieron por la tarde unas pintadas contra la Policía en Livorno, tradicional ciudad de hinchada 'roja'. El primer ministro, Romano Prodi, anunció una señal «fuerte, clara y radical» de que las cosas no pueden seguir así y más drástico fue el ministro de Interior, Giuliano Amato: «No vuelvo a mandar a mis hombres a un estadio». Una reunión especial en el Palazzo Chigi, la presidencia del Gobierno, analizará mañana las posibles bases de esta nueva norma. «No se puede decir que en Catania no había policía suficiente, así que eso no basta y se tendrán que responsabilizar los clubes», dijo Prodi. En caliente, se dijo de todo sobre nuevas medidas: privatización de estadios para que los equipos corran con la seguridad, leyes especiales y endurecimiento de penas, introducción de cañones de agua en las fuerzas antidisturbios... Nada que no se haya dicho antes decenas de veces. El tiempo dirá si esta muerte puede cambiar algo en el caótico fútbol italiano o se trata de la habitual palabrería. Si no, recuérdense las promesas de limpieza tras el escándalo del 'calcio' el año pasado, la mascarada del proceso y el recorte paulatino de las penas.

Una decisión tardía

Los sindicatos policiales italianos creen que «la decisión de suspender el campeonato es insuficiente y llega tarde. Para salvaguardar los intereses económicos de las sociedades de fútbol se ha preferido esperar a la muerte de un policía sabiendo que la normativa vigente no permite acciones para contrarrestar la violencia de los aficionados».

 
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