Domingo, 4 de febrero de 2007
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ECONOMÍA

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La industria conservera de Asturias busca su supervivencia en los productos de calidad
Tres fábricas en Gijón y dos en Candás mantienen un sector que inició su declive en el Principado a finales de los años 60 tras contar con más de sesenta empresas La falta de pescado y de una industria auxiliar especializada, claves del retroceso
La industria conservera de Asturias busca  su supervivencia en los productos de calidad
ELABORACIÓN. Un grupo de operarias, en plena tarea en la fábrica de Agromar. / P. CITOULA
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Vinagre, aceite, sal y barriles que aportaban los arrieros desde el interior. He aquí la fórmula de la salazón, antecedente de la conserva, y protagonista indiscutible de los intercambios comerciales entre los pueblos ribereños y los del interior. Embrión de una floreciente industria que en Asturias llegó a contar con sesenta empresas en el año 1957, en tiempos del mayor auge del sector, aunque ya en 1885 contabilizaba nada menos que 40 fábricas repartidas entre Lastres, Gijón, Candás, Luanco, Cudillero, Luarca, Coaña. Tapia y Figueras. ¿Qué queda de aquella industria basada en la estacionalidad, flexibilidad, segmentación y empleo intensivo de trabajo femenino?

Si nos atenemos a los requisitos marcados por la Unión de Fabricantes y Asociación Nacional de Pescados y Mariscos (ANFACO), en Asturias sólo quedan hoy cinco fábricas de conservas, tres en Gijón y dos en Candás: Agromar, La Polar, Conservas Costera, Hijos de Carlos Albo y Conservas Remo. Y al lado de estas cinco, un reducido grupo de empresas artesanales repartidas entre Candás, Tapia, Luarca y Lastres.

«El declive actual hay que achacarlo a la falta de pescado y de una industria auxiliar especializada», sostiene Alfredo Liñero, presidente de la Asociación de Conserveros de Asturias, responsable de La Polar y una de las personas que guarda uno de los mayores archivos sobre la industria conservera del Principado.

Tanto las cinco empresas pertenecientes a la ANFACO como las más pequeñas coinciden en un objetivo común como única fórmula de asegurar el futuro y tener incluso una proyección internacional: la calidad. La especialización en los llamados productos 'delicatessen' es hoy por hoy el sustento de una actividad que también se ha apuntado a la innovación.

Un siglo de evolución

Agromar es el ejemplo más claro en este sentido. La empresa fundada con ese nombre en 1968 por el padre del actual gerente, Armando Barrio Acebal, y heredera a su vez de la su abuelo, creada en 1926 con el nombre de Arrigorriaga y Barrio, debe su crecimiento y proyección internacional a la apuesta por un producto propio: el caviar de oricios. «Las primeras latas las hizo ya mi padre en los años 50 y no las vendía, las regalaba o las vendía a personas cercanas que conocían el producto», recuerda Armando Barrio. Fue en 1987, con el actual gerente metido ya de lleno en la empresa familiar, cuando el caviar de oricios empezó a llegar tímidamente a las tiendas de 'delicatessen'. «El éxito fue tremendo», explica Barrio, «recuerdo que los propietarios de esas tiendas iban a casa a hacer los pedidos porque agotaban de inmediato las existencias».

Así fue cómo la pequeña fábrica de El Natahoyo inició una carrera meteórica: se especializó en productos de calidad -bonito del Norte, rulado en Gijón y Avilés, en tarro de cristal, patés de oricio, cabracho, centollo o bugre-, sin olvidar platos regionales como las fabes con almejas o las anchoas; tuvo que ampliar sus instalaciones abriendo en 1998 una nave de 1.700 metros cuadrados al lado del muelle de Rendiello; más tarde trasladó la producción de anchoa al polígono de Pervera; y hoy sus productos se comercializan en todos los supermercados de Asturias, en el resto del país sólo en El Corte Inglés, y mantiene representantes comerciales en Francia e Italia, mientras sus productos llegan también a Alemania, Suiza o Hong Kong. En Estados Unidos es la única empresa asturiana homologada por el organismo competente en el sector alimentario, el Food & Drug American. Su plantilla media es de 30 empleados.

También en Gijón, Conservas Costera es otra empresa familiar fundada en 1926, aunque fue en 1970, bajo la dirección de Julio González Barrio, cuando se creó la marca Costera. Bajo la dirección comercial de Ignacio González, la empresa cuenta con 25 empleados, está especializada en anchoas, bonito del Norte, caviar de oricios, algas y bígaros de mar, exportando a Italia, Francia y América del Sur. En diciembre de 2005 la fábrica se trasladó al polígono industrial de Somonte, en donde ocupa una planta de 5.000 metros cuadrados.

La Polar ya existía como marca a finales del siglo XIX, aunque la actual sociedad, Fabricantes Asturianos de Conservas S.A., nació en 1969 como consecuencia de la concentración de once empresas asturianas. Situada en el Polígono industrial de Promosa, en Tremañes, está especializada en conservas de pescado y platos preparados.

En Candás, Hijos de Carlos Albo mantiene abierto un centro que hoy tiene su central en Vigo, pero que abrió en Carreño en 1895 bajo el nombre Albo y Arredondo, y llegó a tener abiertas fábricas en San Esteban de Pravia, San Juan de la Arena y San Juan de Nieva.

Por último, Conservas Remo mantiene su carácter familiar, de pequeño tamaño, comercializando productos de alta calidad. La misma calidad que persiguen el resto de fábricas diseminadas por el territorio regional y que mantienen vivo el sector, aunque tenga poco que ver con la implantación, las producciones y la creación de empleo que llegó a generar el sector desde finales del siglo XIX hasta la década de los sesenta.

La mejora de las comunicaciones, que provocó el que muchas fábricas no tuvieran ya la necesidad de mantener abiertas delegaciones lejos de sus centrales, la reducción drástica de la flota pesquera, la presencia del atún traído por barcos congeladores, que perjudicaron al bonito -hasta entonces el producto estrella en Asturias-, y la escasez de anchoa en el litoral asturiano, explican el declive definitivo de la industria conservera regional, reducida ahora un pequeño grupo de empresas que han depositado sus expectativas presentes y futuras en la calidad de sus productos.

 
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