Domingo, 4 de febrero de 2007
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GIJÓN

AL AIRE
Candor
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EL sicoanalista teutón Franz Kamente lleva años instalado en la villa de Jovino (ojo, deletrear bien no vaya a ser que suene Gabino y se preste a confusión con la villa capitalina). Tiempo suficiente como para permitirle comentar confidencias como ésta:

«Por mi consulta han pasado todo tipo de enfermos mentales, entre los que incluyo a un paciente de las cuencas mineras que aseguraba que se podía ser del Sporting y del Oviedo... ¿y no estar loco!»

«Tardé meses en llevarlo por el buen camino de la monogamia futbolística y convencerlo de que el equipo más representativo de Asturias es el rojiblanco. Ardua tarea, tras la cual las cosas volvieron por los cauces de siempre, y mi consulta volvió a llenarse de sicópatas, megalómanos, licántropos...; vamos, lo normal. Hasta que hace días volvió a visitarme otro cliente al que ya creía haber curado hace cuatro años. Era el colmo de la ingenuidad, acudía a todos los mítines políticos que podía, escuchaba atentamente los mensajes y promesas de los candidatos y llegaba a la conclusión de que todos le gustaban por la sinceridad y el afán que estaban dispuestos a poner en la lucha por el bienestar de la ciudadanía. Hasta llegó a afirmar que veía a los políticos como una especie de sacerdotes que, aunque laicos, también tenían la obligación de hacer votos.

«Ante tamaño candor, y dado que aún no se han descubierto grageas de sentido común, me vi en la necesidad de aplicarle una fuerte terapia verbal de choque que puede resumirse en estas palabras de un loco tan cuerdo como Ambrose Bierce: «La política es una lucha de intereses enmascarada como enfrentamiento de principios, o una conducción de los asuntos públicos en busca de ventajas, personales». Un político es una anguila en el lodo fundamental sobre el que se erige la superestructura de la sociedad organizada. Su mayor problema es que cuando se sacude, confunde la agitación de su cola con el temblor del edificio.

«Pero, en fin, el caso es que nada logré entonces, y el hombre volvió de nuevo en vísperas electorales, ahogándose en el mar de dudas de considerar buenos a todos los candidatos. Así que rendíme, y aconsejéle que votara en blanco: '¿Al secretario general del PSOE?', preguntó mientras se iba. «Y yo me fui seguidamente a ahogar mis penas profesionales en sidra».

 
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