El proyecto del circuito de Sotiello nació mucho antes de que los éxitos de Fernando Alonso en la Fórmula-1 desataran una incontrolada pasión por el mundo del motor en Asturias. Rafael Riva Meana trabajó el proyecto durante años antes de presentarlo de forma oficial tanto a los aficionados como al Ayuntamiento de Gijón. Fue en el verano de 2003 cuando dio ese paso, en un multitudinario acto en el hotel Tryp Rey Pelayo. Lo llamó 'Complejo deportivo socio cultural de Sotiello', e incluía un circuito principal, que se construiría sobre una escombrera de Aceralia, con sus boxes y paddocks, y pistas de autocross de 4x4, motocross, bicicross, un velódromo, zona de karts, restaurante y zona comercial, club social, museo, casona, estación de servicio, gradas, pabellón de exposiciones y hasta un parque de bomberos y una biblioteca. Se habló de una inversión de 30 millones de euros e, incluso, de la necesidad de 'pinchar' la autopista 'Y' para dar un acceso directo a todas las dependencias deportivas.
Nacía como anteproyecto y, al menos menos en los primeros meses, parecía contar con un apoyo total del Ayuntamiento de Gijón. Todos los grupos políticos estaban de acuerdo en apoyar esta iniciativa. Sin embargo, vecinos de Sotiello mostraron primero sus reticencias al mismo y, con posterioridad, acudieron a los tribunales para tratar de que no siguiera adelante. Se cerró el plazo de alegaciones, donde se presentó sólo una y no excesivamente trascendente. El Ayuntamiento aprobó el proyecto de forma inicial y se entró en la tramitación en el Principado. Fue hace más de dos años y allí el proyecto ya no encontró salida. Nadie comunicó al empresario ni al Ayuntamiento de Gijón, muy interesado en sacarlo adelante, si los problemas eran insalvables. Simplemente, quedó en el olvido.
¿Cuál ha sido el problema? Rafael Riva no lo sabe, aunque lo sospecha y así lo señaló a EL COMERCIO. Hay otros proyectos con apoyo público que sí interesa apoyar y no es el caso del de Sotiello. Ahora anuncia que abandona y, de no remediarlo nadie, Gijón se quedará sin este proyecto privado del mundo del motor que, a buen seguro, había suscitado muchas simpatías entre los jóvenes y no tan jóvenes amantes de la velocidad. El empresario asegura que en Asturias es imposible llevar adelante una inversión importante. Para él, al menos, sí.