Más de un centenar de personas acudieron ayer a la iglesia de Santa Cruz de Jove para celebrar la festividad de San Blas y adquirir las tradicionales rosquillas que elaboran las mujeres de la parroquia. En esta ocasión se prepararon 450 kilos de rosquillas que se agotaron en poco más de una hora. Una cifra récord a lo que contribuyó que la fiesta cayera en sábado y que hizo posible que viniera mucha gente de fuera.
Varios de los presentes eran vecinos de Jove o con raíces en la parroquia, aunque otros muchos acudieron por devoción a San Blas, santo al que se le atribuyen curaciones de problemas de garganta. Incluso, personas de fuera de la región se acercaron a Jove «porque es el santo de nuestro pueblo y venimos a celebrarlo con los vecinos de la parroquia», comentan María Gloria Bernardo y Oliva Prieto, de Santibáñez de la Isla, en León. «Allí ya casi no lo celebran, sólo hacen una misa. No tiran ni voladores y es una pena», aseguran, al mismo tiempo que destacan el ambiente de la fiesta gijonesa.
Las dos mujeres llevaban bolsas llenas de rosquillas, «la mayoría para regalar», algo habitual entre las personas que se acercan a la iglesia de Santa Cruz de Jove. La pasión por las rosquillas fue tal que en el lugar habilitado a la entrada del templo para la venta del producto -también se podían adquirir en la sacristía- hubo personas que llegaron a adquirir hasta cincuenta bolsas de una tacada, al coste de un euro cada una de ellas (las cuales portaban seis unidades). Los beneficios de las ventas irán destinados a arreglar desperfectos en el templo.
Largas colas
Los actos festivos de San Blas comenzaron al mediodía con la celebración de una misa en la que hubo una nutrida representación de sacerdotes de otras parroquias. Una vez concluida la liturgia, se procedió a sacar la imagen del santo en procesión por el entorno de la iglesia de Santa Cruz de Jove al son de la gaita y el tambor y en compañía de un elevado número de fieles.
Julia Cantera, vecina de la parroquia de Jove «de siempre» destacó «lo preciosa que es esta fiesta», con la única pega «de la mala educación de algunas personas. Llegamos con una hora de antelación y hubo gente que con toda la cara se nos puso delante». La abundante asistencia de público también se notó una vez finalizados los actos religiosos. Hubo colas para adquirir las rosquillas e, incluso, algún que otro empujón.
Pese a todo, los feligreses se mostraron muy satisfechos por la festividad de San Blas mientras degustaban los dulces en el aparcamiento del templo. Es el caso del matrimonio formado por Isidro Serrano y Encarnación García, que se casaron en la iglesia de Jove hace 47 años. Estuvieron viviendo en París durante 40 años y hace siete retornaron a Gijón. «Nos encanta esta fiesta porque nos trae muy buenos recuerdos de cuando éramos chiquillos y además nos encontramos con personas que habitualmente no vemos», señalan. La pareja insiste en destacar la gran cantidad de personas que se acercaron a una fiesta que finalizó a las seis y media con una misa de bendición a los más pequeños. «Vinimos hasta aquí en el autobús número 16 y nunca vimos cosa igual. Iba hasta los topes», resalta Encarnación García.