Si hasta ahora poco o nada se sabía del llamado AVE del Cantábrico, que iba a conectar en el horizonte de 2020 el País Vasco con Galicia, a través de la cornisa cantábrica, a partir de ahora el proyecto ha quedado definitivamente aparcado. Así resulta tras lo publicado por el Boletín Oficial del Estado (BOE) el pasado 20 de enero. Se trata de una resolución del Ministerio de Fomento en la que, además de encomendar al Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) diversas obras en varios puntos del país, deja «sin efecto las encomiendas efectuadas de gestión para la realización de actividades referidas a la redacción de los estudios informativos del proyecto del corredor de alta velocidad del Cantábrico (Ferrol-Asturias-Cantabria-Bilbao).
De esta forma, la cornisa cantábrica queda huérfana de un proyecto que las cuatro comunidades autónomas que la conforman consideraban fundamental para sus posibilidades de desarrollo, máxime teniendo en cuenta que suponía una conexión ferroviaria directa con Europa.
Desde que este proyecto fuera asumido por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en su Plan Estratégico de Infraestructuras y Transportes (PEIT), apenas trascendió alguna de las ideas del Ejecutivo para el AVE del Cantábrico. Ya a mediados de 2005, senadores y diputados asturianos del Partido Popular demandaron de los responsables de Fomento información sobre los plazos reales de finalización de las obras previstas en la región, al tiempo que solicitaron que esta estructura ferroviaria estuviera finalizada en 2015.
En marzo del año pasado fue el propio Ejecutivo asturiano el que ideó la posibilidad de construir una gran estación en Llanera para permitir la conexión de las dos líneas de AVE que, en teoría, atravesarían la región. Esa sería una de las tres estaciones con que contaría el AVE del Cantábrico en la región, ya que se pretendía construir otras dos en las alas oriental y occidental, separadas todas ellas entre 100 y 150 kilómetros de distancia.
La situación de este proyecto siempre fue etérea. La idea surgió en 2003, dentro del llamado Plan Galicia. Con Francisco Álvarez-Cascos como ministro de Fomento, se señaló como fecha de inicio de los trabajos el año 2010. Al hacerse cargo del ministerio Magdalena Álvarez, en 2004, planteó sus dudas sobre la viabilidad económica del proyecto y matizó que se haría «en la medida de lo posible, siguiendo siempre el criterio de racionalidad para que este tipo de infraestructuras sean útiles para las personas que lo van a utilizar».
Así las cosas, los meses transcurrieron con graves acusaciones del PP tanto al Gobierno regional como al nacional por el oscurantismo con que se movían en este proyecto. No fue hasta finales de noviembre de 2006 cuando el Ministerio de Fomento aseguró que la licitación del concurso para la realización de los estudios complementarios del AVE del Cantábrico estaba muy avanzada. «Está próxima», fue la respuesta del Gobierno de la nación a la diputada popular Alicia Castro Masaveu. En esa misma respuesta se indicaba que el estudio incluiría tanto las características técnicas de la línea como las estaciones, si bien se evitaba hablar de plazos.
Así las cosas, parece que el Ministerio de Fomento ya tiene más claro qué hacer con el AVE del Cantábrico, pues ha decidido dejar sin efecto las encomiendas que le había dictado al Adif para redactar los estudios.