Ahí les va una nueva serie de definiciones (o así) paridas por el caletre de ese que oculta su personalidad de los acreedores, de los lexicógrafos ortodoxos y de otras gentes de mal vivir tras el apodo Dascoíte:
Alhelado: tonto tan tonto que es capaz de dejar muy frío a cualquiera.
Cura: todo los enfermos tienen... siempre y cuando el hospital disponga de un servicio de asistencia espiritual.
Egoísta: el que se pasa la vida jugando al yo-yó.
Guarro: érase uno tan sumamente guarro que tenía las uñas de las manos tan sucias como las personas normales tenemos las de los pies... ¿Qué asco!
Joro... bar: establecimiento en el que sólo se sirven bebidas no alcohólicas, regentado por un tal Elena Salgado.
Lemas: el de la muy nutrida asociación ADOBA (Adoradores Báquicos) reza tal que así:
«Veni, vid, bebí».
El del no menos nutirdo colectivo VIVEN (Viejos Verdes Noseológicos) dice así:
«Los ojos de los jóvenes tiene niñas, y los de los viejos mozas».
Libertad: siempre con cargos (el de las hipotecas, sin ir más lejos), que acaban por transformar la libertad en el bien más preciado... ¿de la imaginación!
Mermar: vocablo de origen bilingüe (francés y español) y redundante en el caso de que se utilice para hacer referencia a la masa de agua salada que cubre la mayor parte del globo terráqueo.
Muerte: en palabras de Fredo Kierkagar, el filósofo más pesimista de la Escuela Peripatética de Caleya, «es el final más feliz de la tragedia del vivir». (-¿Murió de muerte natural?- preguntéle en cierta ocasión a Fredo, interesándome por el óbito de un amigo común. Respondió:
-No, home, no: el médico lo acompañó hasta el último suspiro).
Ofidio: oficio (de reptil).
Pioñoño: pastel de lelos.
Recoñocimiento: homenaje a una meretriz.
Sinceridad: defecto social consistente en decir las cosas que uno piensa. Se combate a base de educación, esa resistencia al primer impulso.
Vesubio: famoso volcán italiano al que el compositor austríaco Johann Strauss dedicó un no menos famoso vals titulado 'Vesubio azul'.