Ailanto subió el tono de la Pasarela Cibeles, alicaída ya en su segunda jornada. El salón madrileño se ha convertido en el cuarto del mundo en capacidad organizativa, pero el continente no va parejo al contenido. El tono general, salvo detalles y excepciones, suele ser irregular y de pocos bríos en las primeras jornadas dedicadas a los veteranos. La pareja formada por los gemelos bilbaínos Iñaki y Aitor Muñoz trajo aire fresco desde que empezaron a desfilar hace dos años. En su nueva propuesta no defraudaron.
Ailanto llevan destellos de luz a la pasarela con unas juveniles prendas. Estos hermanos formados Barcelona han hecho de sus estampados el sello de la casa. Con cuadros irregulares, con hojas, cisnes o gatos, los estampados aparecen de forma individual o se mezclan con armonía. Son telas que tienen viveza sin estridencias. La colección para el próximo otoño invierno está inspirada en los jóvenes estudiantes de Bellas Artes y tiene un aire bohemio. Así, los colores están sacados de la paleta del pintor: verde cobalto, gris, negro humo, verde terroso, azul con pinceladas de amarillo, rojo oscuro, gris plata, tostados y marrones...
Las faldas se imponen este año sobre los pantalones, y aún más las minifaldas o largos por encima de la rodilla. Algunos diseñadores prescinden incluso del pantalón y si lo incluyen se apuntan a la moda pitillo. En la colección de Modesto Lomba hay dominio de faldas y vestidos, todos amplios, sin ceñirse a la figura, pero de un elaborado trabajo en cortes y estructuras. Faldas mini con tablas o con varias capas de volantes, chaquetas y toreras cortadas en el canesú y grandes lazos trazados en la misma tela.
Roberto Torretta llevó el rock a pasarela con una colección con mucho cuero que imita al cocodrilo y que se inspira en la corriente musical. También hay poco color ya que del negro pasa al marrón chocolate o grisáceo con algún toque morado. Lo masculino y lo femenino se funden en su ropa, que combina la dureza del cuero con blusas o vestidos mini en satén sofisticados con lentejuelas. La textura tiene importancia en su ropa, con piel muy trabajada hasta llegar a un cuero fino de aspecto metálico.
Junto a la importancia de las faldas, otro hilván común en las colecciones de Cibeles para el otoño-invierno próximos son el gusto por evitar ceñimientos, de manera que la ropa se despega del cuerpo y adquiere en algunos casos gran volumen. Así se aprecia también en el estilo de Juan Duyos, con grandes blusones. Su colección, 'Aparecidas', quiere rendir tributo a las mujeres del ayer, pero traídas con un punto de futurismo. Pantalones anchos años 40 o chalecos de terciopelo rasurado forman parte de su mirada al pasado.
Elio Berhanyer sigue anclado en su clasicismo. Trajes de chaqueta clásicos y mucho efecto llamativo en sus propuestas de noche, con terciopelos, lentejuelas, bordados, tul plisado, encaje... Grandes mangas abullonadas, flecos o plumas de cisne recargan la fiesta. Como cierre, una novia vestida con un espectacular abrigo de piel rasurada que fue el toque más original de su colección.
Javier Larrainzar tampoco supera la tradición. En su caso una línea incoherente que pretende unir la noche y el día mezclando, por ejemplo, la típica lana (tweed inglés) con satén o el cuero dorado, los cuadros y la pedrería.