Paquillo cura su pena y sus heridas en Poago. El pasado 29 de enero fue encontrado perdido y moribundo en el camino de la Ería, en la parroquia de Jove. Tenía mordiscos de perro en la barriga y sus ojos denotaban la fatiga de los años y la tristeza del que se sabe perdido. Ahora, junto a decenas de perros y gatos, trata de salir adelante mientras espera que alguien le reclame o que un adoptante le proporcione un nuevo hogar.
Paquillo es un mulo anciano. Un cruce entre caballo y burro que, previsiblemente, ayudó durante años en las labores de campo en alguna finca de Jove. El animal permaneció durante los últimos días de enero perdido y solo por los caminos de la parroquia. Un vecino le salvó la vida. Telefoneó a la Policía Local y se puso en marcha un dispositivo especial para evitar su muerte. «No hubiese aguantado mucho más, estaba herido y en muy malas condiciones», afirma Pilar Álvarez, encargada de la perrera municipal de Poago, donde ahora está el animal.
El hombre que dio parte a la Policía aseguró que el mulo llevaba casi una semana deambulando por la zona y con heridas sangrantes. Hasta el lugar se trasladó el lacero municipal, al que no le fue difícil controlar al animal debido a su debilitado estado. Paquillo fue llevado hasta Poago en un transporte especial para caballos. Una vez en la perrera fue atendido por un veterinario, que le suministró calmantes y le drenó las profundas heridas. Las incisiones que presentaba en la zona abdominal hicieron pensar al profesional que había sido atacado por uno o varios perros. «Tardó aproximadamente quince días en recuperarse porque tenía las heridas infectadas y apenas podía andar ni comer», apunta Pilar Álvarez.
Recuperación
Las atenciones médicas y el calor de los cuidadores hicieron que el mulo recuperase su salud en dos semanas. «Ahora se pasa el día pastando en una finca y por la noche duerme en la cuadra de un vecino, porque meterlo dentro de la perrera con todo el jaleo de ladridos no beneficiaría a su salud», apunta la encargada de la perrera de Poago, gestionada por la Fundación Altarriba.
Según el plazo reglamentario, deberán aguardar hasta el lunes, 26 de febrero, para poder darlo en adopción. «Hay que esperar un tiempo para ver si lo reclama su dueño, pero de no ser así, Paquillo podrá ser entregado en adopción», explican. El animal recibió el nombre provisional de Paquillo de manos de sus cuidadores. «El mulo se entregará con microchip y placa identificativa, igual que un perro o un gato», apunta Álvarez.
Aunque saben que será difícil encontrar adoptantes para el animal, los responsables de la perrera confían en que «el carácter afable del mulo» contribuyan a encontrar una familia. «No puede realizar labores de campo ni tirar de un carro porque está ya muy mayor, pero es un animal muy bueno y que hace mucha compañía», señala la responsable de la perrera de Poago. Paquillo ha pasado de cargar como un mulo a vivir a cuerpo de rey en la perrera. Cada día se alimenta de cebada y agua y «le ha cambiado incluso el pelaje, tiene mucho más brillo», asegura su cuidadora. Paquillo espera ansioso a que su nueva familia le recoja. Mientras, trata de olvidar los duros días perdido por Jove.