¿A la 'urna', a las dos y a la tres!... Estamos en el año electoral («¿y cuál no lo ye, bobín?», se preguntaría cualquier playu con un par de dedos de frente), y bien sabido es que en año de elecciones los políticos aún nos tocan más...
-¿Eh, ho? -interrumpe mi Pepito Grillo, con gesto de poner coto a una más que probable rima sicalíptica.
-¿Las narices! -exclamé y escribí, para sin otras divagaciones ceder la palabra a algunos de los tertulios habituales, comenzando por el cantante Pixín el Rapero, del que se transcribe una de las estrofas de la canción que dedicara a la falsedad de las promesas electorales:
«Si aún hay alguien que ose, / con desparpajo y cinismo, / afirmar siempre lo mismo, / no es verdad, es cual la pose / del que sin catarro tose: / 'No lo hago por ambición, / es amor por mi región'... / ¿Menuda razón de peso! / ¿A otro can con ese hueso...!».
De uno de los muchos chigres que frecuento por mor de la sidra, del tinto peleón y, sobremanera (si cuela, cuela), por mor de captar para los amables lectores comentarios y diálogos proferidos en esos templos de adoradores báquicos, procede precisamente este breve fragmento de charla:
«-Estoy totalmente de acuerdo con el historiador David Ruiz cuando afirma que lo mejor sería poner paneles explicativos junto a los símbolos franquistas de la Universidad Laboral, en vez de destruirlos en plan Atila.
La historia está ahí, para bien o para mal, y es lo que hay. Así que no me parece de recibo hacer algo similar a lo de esos nacionalistas necios, o 'necionalistas', que tanto abundan por doquier, empecinados en tergiversar y hasta inventarse una historia a la conveniencia de sus estrambóticos idearios.
Y que conste que no soporto tampoco el nacionalismo español, ni soy capaz de emocionarme al ver ondear la bandera nacional o un desfile de la Legión u otras zarandajas por el estilo.
-¿Qué profundu yes, jodío!
-Como Savater, mismamente.
-¿Fernando, ho?
-No, home, no: Leticia».
Hasta mañana.