SEGURO que se le ha ocurrido a algún capullo creativo de publicidad, de esos que cobran una talegada por diseñar nuestras vidas, rodeado de imberbes mileuristas, y que vendrán amigos de la estética y la ética a defenderlo del oprobio frente a esta intransigencia mía (tan talibán) contra la libertad de creación y pensamiento, pero la última campaña publicitaria de la conocida marca Dolce & Gabbana, reina italiana de la moda frívola y pija, hace muy poca gracia y no puede menos que producir indignación y rechazo.
El reclamo de su última campaña internacional muestra a una mujer en el suelo sujetada por un machote sudoroso (habrá que repensar el concepto de modelo) simulando una violación, mientras otros cuatro hombres (también habrá que repensar este concepto) a medio vestir contemplan el forcejeo con actitud pasiva y cómplice. Observando la puesta en escena alguien alegará que es contenida, que el plano es estéticamente irreprochable, que la muchacha parece distante, diletante y casi disfrutante, frente al quinto morlaco en una amanecida plácida y consentida en apariencia.
Campañas como esta, para intentar sugerir una supuesta y malentendida idea de la 'masculinidad', no hacen más que reforzar peligrosos estereotipos, además de hacer apología de un acto violento y delictivo. La sociedad aún se sostiene sobre este mundo simbólico, que aunque ya no representan el quehacer de hombres y mujeres en esta sociedad, continúan determinando nuestras expectativas sociales desde la infancia, y si bien este modo de socializar lesiona a ambos, la posición de salida que supone para las mujeres sigue siendo discriminatoria y desigual.
Hay que señalar el papel que juegan los medios de comunicación reforzando una imagen marcadamente sexista (el 93,5% de la publicidad televisiva lo es). Su forma de entender las relaciones entre los sexos, es profundamente violenta y humillante, el uso y la comercialización del cuerpo y la sexualidad de las mujeres como mercancía disponible, utilizable y desechable según los deseos de su dueño, legitima una forma sexista y jerárquica y reprobable de entender las relaciones entre las personas.
Lamento que los medios de comunicación (que publican este tipo de anuncios) y las empresas -especialmente las más conocidas, por su gran capacidad de influencia, como es el caso de 'Dolce & Gabbana'- o sean conscientes, como están demostrando, de su 'responsabilidad social', y que no se apliquen la autorregulación, para contribuir a mejorar las diferencias sexistas que aún imperan.
La Ley General de Publicidad de 1988 prohíbe todo anuncio «que atente contra la dignidad de la persona o vulnere los valores o derechos reconocidos en la Constitución, especialmente en lo que se refiere a la infancia, la juventud y la mujer».
Sin embargo, y a la vista de los datos ofrecidos por el Instituto de la Mujer y las numerosas denuncias presentadas cada año por asociaciones de mujeres, de consumidores y sindicatos, los anunciantes no se toman la ley demasiado en serio.
Por otro lado, las administraciones competentes no suelen sancionar este tipo de prácticas, ni instar a los anunciantes a que retiren sus anuncios, limitándose a derivar los expedientes de las reclamaciones de particulares o asociaciones a las instituciones públicas dedicadas a la protección de la mujer, que carecen de competencias sancionadoras en la materia.
Será necesario que en las Comunidades Autónomas se dote de competencias sancionadoras en materia de publicidad discriminatoria, a las instituciones públicas que trabajan en defensa de la igualdad de sexos.
Dolce & Gabbana, debería retirar esta campaña, por incitar a la violencia machista y por denigrar a la mujer. Y sino habrá que hacer un llamamiento al boicot de los productos de esta marca y llevar el caso a los Tribunales.