«Idoia y yo no fuimos a Afganistán por las medallas, sino por la asignación económica que conlleva aceptar un destino difícil». Braulio Picón aterrizó ayer, aún vestido de camuflaje marrón, en el aeropuerto de Lavacolla. En el mismo avión llegaba a su tierra natal desde Niyat el féretro con el cuerpo de su novia, Idoia Rodríguez, fallecida el miércoles por la explosión de una mina anticarro.
Eran las 3.45 horas de la mañana. Políticos y oficiales esperaban, acompañando a la familia, junto al improvisado escenario a pie de pista. Braulio se abrazó a Consuelo Buján, la madre de Idoia, durante veinte minutos interminables. Ella estaba sentada. Él se agachó y la sostuvo entre sus brazos mientras diez militares depositaban el ataúd sobre un soporte. Intentaron acercarse al féretro, pero la mujer sufrió un desmayo. Su marido Constantino y ella ni siquiera pudieron recoger la Medalla al Mérito Militar con distintivo amarillo que les pretendía entregar el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
La familia aún tuvo que esperar hasta las siete y media de la mañana para regresar a Friol. En ese lapso de tiempo, los forenses reconocieron el cadáver. Los padres de Idoia habían rechazado el día anterior la exposición al público que suponía hacer el velatorio en el Pabellón Municipal de Friol, ofrecido por el Ayuntamiento. La pena es íntima. Pero acabaron cediendo ante la necesidad de encontrar un espacio para el multitudinario pésame. Hoy se expondrá el féretro en el mencionado pabellón antes de que se celebre un funeral solemne.
Los integrantes de la Brigada Paracaidista Ligera han permanecido de guardia junto a la familia desde la mañana del miércoles. «Los militares se turnan en guardias, lo padres no», comentaba un vecino.
Extenuados ya por las horas de duelo, Constantino y Consuelo pasaron ayer el día en el tanatorio. A ratos, Consuelo se apoyaba en el brazo de Braulio Picón. Allí, la familia afrontó otro momento terrible: la apertura del ataúd para velar a Idoia de cuerpo presente. «Está muy guapa, qué lástima», se atrevió a decir el primer teniente de alcalde de Friol, José Antonio Abruin.
«Teníamos planes»
Braulio, de 26 años, tuvo un momento de sosiego y entonces habló con EL COMERCIO. «Con el dinero que ganásemos , íbamos a comprar un piso en Pontevedra para comenzar una vida juntos, porque teníamos planes de futuro». Las lágrimas surcaban sus ojos.
El joven de Finisterre tenía muy presente que en agosto de 2005 Idoia y él asistieron, junto a sus compañeros de la brigada de Figueirido, en Pontevedra, dónde recibían la instrucción, al entierro de doce compañeros. También habían muerto en Afganistán al caer el helicóptero en que viajaban. Fallecieron un total de 17 españoles en aquel accidente. Pese a ser entonces conscientes de que era un destino por el que se jugaban la vida, ellos lo eligieron. «Después de lo del helicóptero no nos desanimamos, pues nunca piensas que te pueda ocurrir a ti. Queríamos ganar dinero a toda costa para estar juntos».
La madre de Braulio asistió a la conversación. Dijo de su hijo que era muy guapo: «Más guapa era ella», replicó veloz el muchacho . «Y además de guapos son buenos, y muy ilusos, por decidirse a ir a un sitio con mucho peligro. De primeras no lo parece, pero cuando él me cuenta por teléfono lo que hacen allí, dónde van y cómo, me asusto, me parece muy peligroso». El pasado miércoles, el joven estaba a punto de embarcarse en el avión en el que regresaba de cuatro meses de misión. Pero entonces llegó la noticia de la muerte de Idoia y esperó en Afganistán para acompañar el cuerpo. Braulio insistió en que es un destino al que fueron voluntarios. Entonces su voz se quebró y le resultó imposible seguir hablando. Pidió disculpas y se dirigió de nuevo a la capilla ardiente dónde yacían los restos de su novia.
Críticas de Blanco
Hasta Friol llegó también el secretario de Organización del PSOE. José Blanco comentó que es amigo del padre de Idoia Rodríguez, Constantino, desde hace muchos años, dada su vinculación con el Partido Socialista, en el que milita. Blanco afirmó que los padres no tienen reproche alguno por lo ocurrido, ya que «la chica hacía lo que siempre soñó hacer, ser soldado. Cumplía con un anhelo, con lo que deseaba». «Lo primero es la familia», dijo al llegar. Y entró sin más a la sala donde se velaba al cadáver. Salió pasados cinco minutos para referirse a Mariano Rajoy, presidente del PP. Llevaba unas notas para apoyar su intervención. Dijo Blanco: «El PP nos metió con mentiras en una guerra. Ahora trata de lavar la conciencia con una misión humanitaria. Eso es doble moral, y quien lo hace es inmoral».
A pocos metros, seguía el velatorio. Por la noche, se celebró un funeral. Los padres de Idoia seguían junto a su hija con el rostro desfigurado por el dolor. Y el que fuera director del colegio público de Friol, Carlos Veiga, razonaba como una letanía: «Van a velarla, a despedirla, hasta el último minuto, aquí en Galicia la tradición así lo manda».