Cuántos años tiene esta voz? Edita Gruberova nació en Bratislava en 1946, pero su voz juvenil, plena de vitalidad y frescura, carece de edad, lo que posee algo de milagro, mucho de misterio y todo de disciplina, trabajo y sensibilidad. En Oviedo, la cantante eslovaca dio uno de esos recitales memorables.
Dentro de las tipologías de la voz de soprano, Gruberova esta clasificada como soprano ligera o de coloratura. Claridad en el timbre, facilidad en los agudos, agilidad en la ornamentación y sonoridad brillante. La juventud vocal de la cantante se explica, en primer lugar, por un repertorio muy seleccionado sin forzar la línea de canto, hacia densidades excesivamente líricas o sonoridades graves. Parte de este repertorio es el que trajo a Oviedo en el extraordinario recital.
En segundo lugar, la cantante posee una elaborada técnica de canto en todas las facetas, desde la respiración tan continua e imperceptible que uno pensaría que toma aire por la piel y que produce, a veces un canto ligado continuo, hasta la variedad de la articulación y el control absoluto de los matices. En tercer lugar, posee una tesitura vocal ilimitada hacia los agudos. Controla con cuidado los registros medios y graves de la voz, pero su poder está en la proyección hacia el agudo. Agudos que puede apianar como un fuego que se extingue o ensanchar sonoramente como un volcán en erupción.
Y, finalmente, repertorio, técnica y cualidades vocales se redondean con naturalidad interpretativa que sugiere espontaneidad y frescura. No es extraño que desde la interpretación del aria de Constanza 'Marten aller Arten', de Mozart, esta gran intérprete se haya metido al público en el bolsillo.
Cada aria, cada frase, cada fragmento, constituyó un punto culminante de un recital sin tregua. Las coloraturas de Donizetti, especialmente en el aria de la Locura, de Lucía; la melancolía de la que impregnó el 'Casta Diva', de Bellini; la gracia y picardía del aria de Rosalinde, de 'El Murciélago', segunda propina, fueron cumbres memorables de un recital excepcional.
La labor de Haider al frente de la OSCO realzó la calidad del recital. Una orquesta entregada, con sutileza tímbrica muy alta y bien matizada con un control exquisito de las intensidades.
Respecto a Ivan Paley, el joven barítono argentino, cumplió un buen papel. Eso sí, su voz estuvo más homogénea e igualada en Donizetti que en Mozart.