El Tik se despidió de sus incondicionales el 28 de enero de 2006 con una macrofiesta que aún perdura en el recuerdo. Un año y un mes después de la clausura no queda ni rastro en su parcela de lo que fue la discoteca, a excepción de la portilla de entrada, en la avenida del Jardín Botánico, y el pasillo de plátanos que daba acceso a la zona de aparcamiento desde los tiempos del Ideal Rosales.
Los 20 chalés adosados que empezaron a construirse tras la demolición de la emblemática sala de La Guía ya están todos en pie. Divididos en cuatro bloques residenciales, tres de cuatro viviendas unifamiliares y uno de ocho, conforman una nueva urbanización perfectamente visible desde la avenida de Justo del Castillo y el centro de empresas de La Guía. El avance de las obras es tal que los obreros están ya empezando a alicatar baños y cocinas.
Detrás de este proyecto inmobiliario está Encicaisa, sociedad que pertenece a los promotores urbanísticos Roberto Encinas y Caicoya. La empresa, que compró los terrenos de la discoteca en 2003, rendirá homenaje al desaparecido 'templo' de la movida gijonesa en el nombre de su urbanización. Ésta se llamará Finca del Tik, según confirmaron a EL COMERCIO fuentes cercanas a la promotora.
Las viviendas unifamiliares construidas en la Finca del Tik tienen sótano independiente de entre 60 y 80 metros cuadrados; planta baja con cocina y salón (ambos con porche) y aseo; planta primera con tres dormitorios y baño completo; y bajocubierta. Cada chalé lleva una parcela propia con jardín. Además la urbanización contará con una zona común, con jardines y bancos, cuyo mantenimiento correrá a cargo del Ayuntamiento. Los vetustos plátanos que están a la entrada de la finca se mantendrán en el futuro acceso peatonal. La entrada para vehículos se habilitará frente al Eroski.
Cada uno de estos chalés cuesta de media 480.000 euros (80 millones de pesetas). De las veinte unidades quedan sólo cuatro por vender. La previsión es que los primeros propietarios empiecen a vivir en los adosados en abril de 2008.
Desde 1981
La historia del desaparecido Tik como discoteca arrancó el 25 de diciembre de 1981. Su irrupción en el arranque de la década de los ochenta la convirtió pronto en un punto de referencia de las discotecas del norte de España. Una gran carpa circular cubrió por aquel entonces lo que durante años fue un establecimiento hostelero donde se organizaban bailes con orquestas conocido popularmente como El Ideal Rosales. Un merendero que al igual que le ocurrió al casi contiguo restaurante Casa Arturo fue escenario ese mismo año 1981 de algunas escenas de la oscarizada película de José Luis Garci 'Volver a empezar'.
Cuando el Tik empezó a funcionar como sala de discoteca, además de la carpa, eran famosas sus rampas, por las que se podía descender con patines. Pero lo que más auge dio al Tik fue la calidad de su música y, sobre todo, su clientela habitual. Durante años marcó estilo y tendencia entre los jóvenes gijoneses, convirtiéndose en un sitio pionero en la ciudad en la forma de disfrutar del ocio nocturno.