Hay vida más allá de la 'carretera y top manta'. Con humor y buena música, los componentes habituales del grupo que acompaña a Joaquín Sabina en sus giras, se han emancipado y adquieren figura propia en el espectáculo al que han llamado 'Karaoke y top colcha Tour', que hoy presentarán y compartirán en el Albéniz de Gijón. A las 21 horas. Pancho Varona, Antonio García de Diego, Jaime Asúa y José Antonio Romero, son los responsables del sarao. El primero de ellos, mano izquierda o derecha de Sabina desde hace más de veinte años, co-autor de canciones como 'Una de romanos', 'Pacto entre caballeros', 'Besos en la frente', 'Con un par', 'La del pirata cojo' o 'El rocanrol de los idiotas', nos pone en antecedentes.
-¿De qué modo surgió la idea?
-Tuvo que ver con Rubén Martínez, el director de 'Les nits de l'art', en Barcelona. Había grupos famosos que el día antes de dar el concierto principal en distintas ciudades, de manera más o menos clandestina se reunían en un bar para hacer un repertorio particular ante un público reducido. Rubén nos invitó a nosotros y la cosa fue creciendo hasta convertirse en esta mini-gira.
-¿Qué repertorio es el que traen ustedes?
-La única condición es que sean canciones que hemos compuesto para Joaquín. Esa es la primera parte, que dura aproximadamente una hora. Después, la gente del público que quiera subir a cantar, elige libremente.
-¿Dónde lo pasa mejor, en la gira de 'Carretera y top manta' o en la de 'Karaoke y top colcha'?
-Bueno, hay un juego de palabras en el título, que a Sabina le ha hecho mucha gracia y también a nosotros... En la gira con Joaquín, me lo dan todo hecho. Es llegar y tocar. En nuestro caso, es volver a los principios, descargar los amplificadores y adaptarse a las condiciones del local. Además, a mi me pone más nervioso actuar delante de doscientos espectadores, que de 100.000, seguramente porque soy muy cobarde... La verdad es que lo pasamos muy bien.
-Entre 'top manta' y 'top colcha', ¿qué opina de la piratería discográfica?
-No puedo tener buena opinión... Nos quita el 30% de lo que deberíamos ganar. Sin embargo, hay una segunda vertiente, que es la de los chavales que no tienen dinero para comprar un disco y esas cosas. Estoy contra la piratería, pero sin ser demasiado estricto. Es un tema delicado.
-¿Qué anecdotario van recogiendo de los espontáneos que suben al escenario de 'Karaoke y top colcha'?
-En Madrid, subieron la hijas de Joaquín. Hubo también un tío al que se le olvidó la letra de '19 días y 500 noches' y volvía una y otra vez sobre la misma estrofa. Alargó los tres minutos de la canción a siete u ocho. Nos entró un ataque de risa. Pero a los que más se aplaude es a los que cantan mal, por el valor que demuestran. Lo normal es que acabemos en el escenario un montón de personas cantando 'Y nos dieron las diez'.
-Algunos de los participantes han sido de lujo, como los hermanos Muñoz, de 'Estopa'...
-Ellos lo bordan, claro. Pero ahí estoy yo, que no soy precisamente Pavarotti, para animar a los que no son profesionales. Lo que importa es echarle corazón.
-El poeta Ángel González asistió a una de sus actuaciones en Madrid. ¿Se atrevió a compartir melodías?
-Es un gran bolerista, pero no se atrevió a subir. Decía que le daba vergüenza. Se quedó en la mesa con Almudena Grandes. El caso es que después se puso a cantar sin levantarse de la mesa y nos dio un recital completo.
-¿Cuál es el panorama de la música en España?
-Es un abanico muy amplio. Yo estoy ahora con un disco para un grupo que empieza y que no tiene ni compañía. Lo hago gratis. A continuación, trabajaré con María Dolores Pradera. Es un panorama diverso. Pero no estamos pasando un buen momento. La música se vende a través de la televisión, y no hay programas. Son horas bajas, en las que se prefiere hacer un buen vídeo antes que un buen disco. Falta creatividad y los chicos sólo quieren ser Mariah Carey o Luis Miguel. Las compañías discográficas tienen miedo, ha habido despidos y todo influye en la calidad. No obstante, siempre aparecen algunas cosas prometedoras al lado del desierto.
-¿Cómo ha resultado la experiencia de su único disco personal, 'Al otro lado'?
-Nació, vivió y murió el mismo día. Tuve desavenencias con la compañía discográfica -esas historias que ocurren porque no te pliegas a lo que ellos quieren- y su recorrido fue muy corto. En realidad, ha sido mejor así, porque de haber tenido éxito, debería haber cambiado de vida. Y lo que a mí me apetece es seguir haciendo lo que hago, componiendo y acompañando a Sabina.
-¿Eso quiere decir que no habrá segundo disco?
-A veces, me tiran los tejos, pero me hago el longuis y digo que no tengo tiempo. Y es que no tengo vocación de cantante, ni de artista. Soy feliz con lo que hago. Producir, componer y acompañar.
-Que es muy diferente a las oposiciones ministeriales que preparaba cuando se encontró con Sabina...
-Sí, al Ministerio de Defensa. «Si tu me dices ven, lo dejo todo», debí pensar. Y ya son veinticinco años en la música, aunque mi madre continúa diciendo que este no es un trabajo seguro.
-Definitivamente, ¿la cita de hoy será un 'pacto de caballeros' que bastará abordarla 'con un par'?
-Siendo en Gijón, no podría ser de otra manera.
-¿Y se permitirán los 'gatillazos' a quienes se arriesguen a encaramarse junto a ustedes?
-Se permitirá todo... pero esa palabra mejor no mencionarla. Sólo faltaría que a mí me ocurriera lo mismo que a Joaquín en el famoso 'gatillazo' del Jovellanos. Lo pienso y me entran escalofríos. Además, en Gijón, que es la ciudad, de verdad, que más queremos, tanto Joaquín como nosotros.
-Ya lo compensó Sabina, de rodillas en el Palacio de los Deportes...
-Nosotros compensaremos y recompensaremos.
-¿Qué hace Sabina mientras ustedes se divierten por su cuenta?
-Pues, desde que acabamos la gira por América, el 22 de diciembre, no hemos vuelto a vernos, lo que demuestra lo harto que ha debido quedar de nosotros. Descansa para el verano, que volveremos a recuperar la gira juntos. Le cuesta salir de casa últimamente. Y más, para escuchar sus propias canciones...