Jueves, 8 de marzo de 2007
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GIJÓN

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Dos visitas paralelas
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TUVO cierta gracia la de Alfonso Guerra. Aparte de demostrar que sigue siendo un gran orador capaz de enardecer masas, también dejó algunas 'perlas dialécticas' que conviene resaltar. La primera, sin duda, estuvo cuando recordó el pasado no socialista de nuestro presidente, lo cual, francamente, a estas alturas de la película, no tiene ningún valor (¿y qué?, sería la pregunta). La segunda vino con su loa hacia Fernández Villa en su faceta de parlamentario (nada que ver, por supuesto, con la de sindicalista). Parece como si esa ausencia fuese toda una pérdida desde el punto de vista político, como si ese parlamentario invisible (ré-cord en la falta de asistencia) hubiese dado vida a la Junta durante las numerosas legislaturas en las que estuvo. Yo, créanme, ya le estoy llorando... Y la tercera, quizá la mejor, fue cuando acusó a su propio partido de dejarse atrapar por los nacionalismos desvirtuando así la propia idea del socialismo. «Socialismo y nacionalismo son incompatibles», afirmó exactamente el ex vicepresidente. Y, francamente, no es que le falte razón en muchas cosas de las que dijo, es que decirlas aquí resulta fácil y queda muy bien pero... hombre, que lo haga donde procede (Cataluña, verbigracia). Con todo el jaleo que armó su partido con el 'Estatut' estaría de fábula que esa misma voz se alzase allí diciendo precisamente eso: «el socialismo debe extremar el cuidado para no caer por la senda de un nacionalismo viejo y trasnochado».

En cambio, la del ex presidente Aznar tuvo algo de película de romanos. Me ex-plico. No sé si recuerdan en 'Ben-Hur' cuando a los remeros de una galera el capataz del látigo les gritaba: «¿bo-ga de combate!». Y entonces, por la cuenta que les traía, se ponían a remar como locos. Más o menos, por el tono que utilizó en su intervención, eso vino a decir a su partido: «¿boga de combate!». Exhortó sin paliativos a apretar el ritmo aún más, a endurecer más si cabe la oposición. «¿Boga de combate!». Entró a fondo en temas que nos duelen a los asturianos con un discurso medido. Nada dado a la improvisación. Directamente al grano. «¿Boga de combate!». A veces, pienso que tenía razón Felipe González cuando decía que un ex presidente es algo así como un jarrón chino: resulta muy bonito, pero no sabe uno dónde ponerlo.

 
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