Médicos amenazados de muerte por negarse a recetar un medicamento, enfermeras insultadas por un paciente que soportó una prolongada espera para una cura o administrativos atacados a paraguazos por una cita sanitaria que se demoraba en el tiempo. Son todos casos reales ocurridos en los últimos tiempos en los centros de salud del Área Sanitaria V (Gijón, Carreño y Villaviciosa), donde, según los facultativos, la elevada presión asistencial ha disparado la conflictividad en las consultas.
Los casos abundan y aunque pocos son los médicos o profesionales que los denuncian, el listado crece día a día. Los insultos, amenazas y agresiones por parte de los usuarios al personal sanitario han dejado de ser un hecho aislado en un área sanitaria como la de Gijón, que en los últimos cinco años ha sumado 10.000 nuevos usuarios a su sistema de atención sanitaria, llegando al techo histórico de las 300.268 personas asignadas.
Que la conflictividad está cada vez más presente lo confirma el hecho de que el Servicio de Salud del Principado (Sespa) haya decidido crear un protocolo de actuación para agresiones, el cual se aplica ya desde el pasado año. Asimismo, según pudo saber EL COMERCIO, la Administración está elaborando una especie de registro de casos con el que pretende conocer cuál es el alcance real del problema.
El gerente de Atención Primaria del Área Sanitaria V considera que «la mayor parte de los usuarios saben comportarse», aunque reconoce que los insultos o amenazas han aumentado. Lo que no comparte Luis Hevia es que esa conflictividad sea producto de una supuesta saturación. Él lo atribuye más a «un problema educacional», ya que «agresiones físicas hay muy pocas». Además, Hevia recuerda que si bien el volumen de pacientes creció en 10.000 personas desde 2001, «también disponemos de más facultativos». Según el gerente, la plantilla creció un 13% y pasó de 165 médicos en la época del Insalud a 189 en la actualidad.
El Colegio de Médicos de Asturias, por su parte, habla de la agresividad de los pacientes como un fenómeno emergente. Hace dos años creó un Registro de Agresiones que acumula un total de 21 casos, de los que un tercio corresponden a Gijón. Asimismo, el Sindicato Médico del Principado (Simpa), también se hace eco de este fenómeno y apunta que en determinados centros de salud urbanos «hay casos de amenazas y agresiones verbales casi todas las semanas».
El personal sanitario se reconoce cada vez más amedrentado por la violencia con la que los usuarios demandan un trato preferente, un fármaco determinado, un parte de baja o, incluso, un certificado de defunción. Muchos de los afectados renuncian a iniciar acciones contra el agresor y acaban de baja laboral. Son pocos los se atreven a denunciar. Eso a pesar de que en Asturias, desde hace apenas dos meses, atacar a un médico o enfermero se considera delito de atentado.
«Se desesperan»
Desde el Simpa, el responsable de Atención Primaria, José Manuel Martín Gutiérrez, reconoce que «los pacientes, en ocasiones se desesperan y con razón». Es habitual que un enfermo sea citado, por ejemplo, para las diez de la mañana, «pero que acabe entrando en consulta una hora después». centros de salud como los de La Calzada, El Natahoyo o el Parque-Somió han visto crecer en un 6% su volumen de pacientes, una presión que «es el caldo de cultivo de esa inconformidad». Dicho médico revela que varios centros «ya no dan turno para el día» y en la mayoría las agendas de citaciones asignan apenas cinco minutos por enfermo.
El aumento de la agresividad de pacientes y familiares ha reavivado la figura de los guardias de seguridad. Actualmente, es habitual ver este tipo de agentes paseándose por los pasillos de los centros de salud. De momento, sólo el Puerta de la Villa dispone de seguridad las 24 horas del día, una medida que los médicos creen que debería extenderse a los centros más saturados.