Viernes, 9 de marzo de 2007
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SOCIEDAD Y CULTURA

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Al habla
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En sus películas, más que decir, un director de cine debe mostrar. Pero cuando, más allá de su trabajo en la pantalla, un cineasta se muestra también como un buen conversador acerca de sí mismo y su arte el placer del cinéfilo se multiplica. Y con los actores pasa lo mismo.

Aparte de ser todo un icono y una auténtica leyenda para sus colegas, ese enorme actor que es Al Pacino demuestra ser un lúcido interlocutor cuando deja a un lado sus proverbiales reservas hacia las entrevistas. Por eso da gusto encontrarse con la publicación de 'Conversaciones con Al Pacino' (Belacqva), libro donde Lawrence Grobel, el conocido entrevistador de Marlon Brando y Truman Capote, recoge las charlas mantenidas con el actor neoyorquino entre 1979, año del polémico rodaje de 'A la caza', y 2005, tras haber filmado 'Apostando al límite'.

Que la relación profesional entre el periodista y el intérprete acabase en una estrecha amistad, lejos de perjudicar al calado de las conversaciones, ayuda a que Grobel converse en ajustado equilibrio con el actor y el personaje, con la estrella y la persona. El resultado es un apasionante libro dialogado a través del cual podemos seguir por la línea del tiempo tanto la trayectoria humana como profesional del entrevistado.

Alfredo James Pacino, alias Sonny, también apodado de niño 'El Actor', habla acerca de los diferentes aspectos de la vida, en general, y de la suya, en particular, pasando revista a asuntos como su infancia en el seno de un hogar deshecho, aunque no exento de amor, o los muy diversos trabajos mediante los que sobrevivió (fue incluso abrillantador de fruta fresca) hasta poder ponerse a estudiar en serio interpretación, unos estudios que culminó en el Actors Studio de Lee Strasberg, donde, por cierto, no fue admitido en un principio.

Claro está, Al se explaya sobre todo acerca de los recovecos de su profesión, sobre sus filmes y sus personajes, algunos tan importantes como para haberle permitido dejar su huella en la historia del cine norteamericano (la trilogía de 'El padrino', 'Serpico', 'Tarde de perros' ). Si bien tampoco muestra empacho en reconocer que, aún a estas alturas, la interpretación sigue siendo un misterio para él.

Pero, por encima de todo, Pacino expresa un apasionado amor hacia la belleza del lenguaje, el teatro (en realidad es un actor teatral que, por azar, se transformó en estrella del firmamento cinematográfico), y Shakespeare, a quien homenajeó dirigiendo 'Looking for Richard' y cuyos versos cita a menudo de memoria para, con toda naturalidad, ilustrar mejor el tema de conversación.

 
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