La existencia de la cueva de Cordoveganes (Puertas de Vidiago) no es nueva para las gentes de Llanes y tampoco lo son sus pinturas rupestres. Pero no ha sido hasta ahora -17 años después de su descubrimiento- cuando se ha constatado de manera científica la importancia de esos trazos sobre la roca que los arqueólogos identifican ya como de la época paleolítica. Tanto es así que la Consejería de Cultura ha pedido un cambio en el trazado de la autovía del Cantábrico en el tramo Unquera-Llanes para conservar estos restos del pasado. «Desde nuestro punto de vista se ha actuado con exquisitez en la protección patrimonial, en cuanto detectamos las pinturas y la importancia del hallazgo, se pidió una modificación, que se aceptó rápidamente», asegura el director general de Promoción Cultural, Carlos Madera, quien subraya que en los próximos meses se estudiará la cueva para tener más datos sobre la misma y sobre el valor de esas pinturas, que no presentan un buen estado de conservación.
Esas pinturas fueron descubiertas, como la cueva, por tres llaniscos aficionados a la espeleología. Ellos ya fotografiaron las reliquias paleolíticas de esta gruta hace casi dos décadas y, en aquel momento, advirtieron al departamento de Prehistoria de la Universidad de Oviedo sobre el valor del tesoro que albergaba. El lugar de aquella expedición -recuerda hoy uno de sus descubridores, el llanisco Ramón Miyares Velázquez- «es una peculiar cueva de unos 35 metros de longitud y dos bocas, que se encuentra dividida como consecuencia de lo que podría haber sido un derrumbe, justo en la mitad de su recorrido».
Junto a él, Pepe Otero Martín y Fidel Sánchez (actual presidente del PP en Llanes) se introdujeron en esta gruta en el año 1990 por las dos bocas. Tras entrar en una de ellas y recorrer la práctica totalidad de la galería -relata ahora Miyares- se percataron de la existencia de pinturas no figurativas prehistóricas modernas de las que aún conserva imágenes gráficas que atestiguan sus palabras. «En aquel momento nuestros medios eran escasos, pero hoy en día, iluminando todo el panel, seguramente se puedan advertir las pinturas con mayor claridad», reconoce.
En la otra boca de la cueva y en una zona semioscura -continúa este aficionado y buen conocedor de los yacimientos de la zona- se halló una cruz cristiana esculpida en la roca de unos 40 centímetros de largo y 40 de ancho, a la que acompañan otras de menor tamaño. «No soy arqueólogo, pero podríamos estar ante un yacimiento paleocristiano», apunta.
Su descubrimiento en esta segunda galería se completó con el hallazgo de restos de habitabilidad asturianenses que podrían datar de hace 9.000 años, como picos -útiles diarios para la búsqueda de moluscos- y restos de lapas y bígaros en la superficie.
Más hallazgos
Diecisiete años después de aquel hallazgo, los arqueólogos se hacen eco del valor de estos trazos como parte de los estudios previos a la redacción del proyecto para las obras de la autovía del Cantábrico. Miyares, que también descubrió en compañía de Pepe Otero la cueva de Trescalabres (Quintana) y Covarón (Parres de Llanes) -ambas con importantes restos paleolíticos y cerradas en la actualidad por la Universidad de Oviedo- pronostica más hallazgos en la zona afectada por la autovía del Cantábrico. «Sé que existe un poblado prehistórico porque hace unos cuarenta años un vecino de la zona, que ya no vive, halló varios útiles cerca del puente de Purón». Ahora, Mijares aconseja a la Consejería de Cultura, Comunicación Social y Turismo que inste al equipo de arqueólogos «a estar al pie del tajo» durante el desarrollo de las obras del tramo Unquera-Llanes. «Estoy seguro de que aparecerán nuevos hallazgos», vaticina.