Paz Vega (Sevilla, 1976) ha tomado los hábitos. Ray Loriga la convierte en Teresa de Cepeda y Ahumada, «la primera mujer que obligó a Dios a mirarla de frente», según el escritor y director. 'Teresa. El cuerpo de Cristo' se aleja de las vidas de santos al uso, del cine de estampistas. Retrata con desgarro turbador a una mujer que luchó por abrazar a Dios y alzó la voz contra una Iglesia que pensaba que una mujer no tenía nada que decir, y menos de Dios. A dos meses de dar a luz, Paz está en extasis.
-¿Es creyente?
-Me considero cristiana. Hasta los diecisiete años estuve en un colegio de monjas, y eso marca. Tengo una familia que es católica practicante y no podía defraudarla. Por eso ha sido muy importante hacer este personaje con todo el rigor y la información del mundo. Con respeto y admiración. Yo era la primera que no quería resultar ofendida. Leí en el guión la historia de una heroína, y eso me cautivó.
-¿Qué sabía de Santa Teresa antes de hacer la película?
-Lo que te enseñan en el colegio. Sabía que era una escritora del Siglo de Oro y, por supuesto, que reformó la Iglesia y fundó muchos conventos. Poco más. Cuando te presentan la vida de los santos te los imaginas sufrientes, tristes. Pero ella no era una mártir. Vivió y se salió con la suya. Se libró de los juicios de la Inquisición. Fue una triunfadora en su lucha, una mujer valiente y arriesgada, moderna para su época.
-El filme la muestra casi como una feminista adelantada a su tiempo.
-Muestra a una mujer luchando en un mundo de hombres, que gracias a su tesón consigue lo que quiere. Esta no es una película sólo para creyentes.
-A la Conferencia Episcopal no le ha gustado: «Roza el límite de lo aceptable cuando recalca el contacto físico entre Cristo y la santa y ofrece una versión exclusivamente materialista de la experiencia mística».
-Realmente sólo ha habido una opinión del experto en cine de la Conferencia, no un comunicado oficial. Si no se han pronunciado, tan mala no debe ser la película, ¿no? Este señor puede decir lo que quiera, ni siquiera es crítico de cine. Pero actúa de mala fe. Dice que la película no es interesante para los creyentes ni para los agnósticos, con lo que nos quiere quitar todo el público. Por otro lado, es normal que la Iglesia quiera dar su opinión.
-Tendrían que estar encantados.
-Eso digo yo. Las religiosas deberían de estar muy orgullosas, porque quedan como heroínas. No hay contacto físico entre la santa y Cristo, como dicen ellos: es en la imaginación y dentro de un cuadro. Recomendaría a todos los alumnos de colegios religiosos que fueran a verla, porque yo me he enterado de quién es Santa Teresa ahora.
-¿Por qué reacciona así la Iglesia?
-Bueno, en su día la Inquisición quería quemarla porque hablar en términos amorosos de una relación con Dios tenía que ser algo terrible. Teresa no es patrimonio de la Iglesia, sino de la humanidad. No tienen por qué monopolizar ni manipular su imagen. Los santos no son tan santos en vida, pasan por muchos periodos hasta llegar a la santidad. Teresa fue una mujer con sus fallos, dudas y contradicciones. Todo le es perdonable, porque luchaba contra una Iglesia corrompida y abogaba por volver a la austeridad de sus inicios, al voto de pobreza.
-¿No es un poco tramposo el póster, con una mano llagada acariciando su cuerpo desnudo? El filme es muy púdico.
-Lo ha elegido un estudio de márketing. Nunca se ha pretendido sacar un lado 'sexy' ni buscar la imagen equívoca que pueden dar los éxtasis.
Papeles de madre
-Cuanto nazca su hijo se instalará en Los Ángeles, donde ha comprado una casa. ¿Inicio o huída?
-Huída, para nada. Tampoco un inicio, porque llevo dos años pasando allí largas temporadas; con el bebé no puedo estar yendo y viniendo. Tenía que decidirme por un sitio u otro, y en Los Ángeles tengo muchas ofertas de trabajo. Ahora mismo están esperando a que me recupere para rodar. No estará nada mal pasar un tiempo y perfeccionar mi inglés.
-¿Qué ha encontrado allí?
-Cosas que aquí me faltan. Oportunidades de trabajar con grandes directores. Nos guste o no el cine americano, trabajar en la industria de Hollywood es un honor, un lujo. Abro mis horizontes, pero si tengo una oferta estupenda en España regreso.
-Los directores españoles pensarán que su caché es inalcanzable.
-Pasa un poco de eso Desde 'Los Borgia' no me han ofrecido nada, deben pensar que ya me he ido. Yo no hago nada por dinero si no me gusta. Y otras veces el dinero no importa, hasta me pongo en contra de mis agentes por un papel. Por gusto. En España sabemos hasta dónde llega el caché de los actores, hay un tope y no va más allá. No puedes pretender ganar lo mismo que en Estados Unidos, porque son dos mercados diferentes.
_¿Cuándo dará a luz?
-A principios de mayo. Ahora ser madre es lo más importante. Vendrá una nueva etapa y me ofrecerán más papeles de madre, pero eso no ocultará mi glamour. Con 31 años todavía me llegan papeles de jovencita. No sé hasta cuándo durará.
-Penélope nominada al Oscar y en España seguimos dándole vueltas a la cremallera de su vestido.
-Siempre pasa en este país: criticar por criticar. Sólo se muestran los fallos, es terrible. Son los medios los que promueven esos comentarios, si la tele no muestra lo que supone estar nominada al Oscar En Estados Unidos no pasa, allí se respeta el trabajo de los actores. Ante todo eres actor y se te valora como tal, no eres un monigote al que le visten. En España están esperando a que te equivoques, forma parte de nuestra cultura, lo divertido es criticar. Hay actores americanos a los que la prensa ayuda a hacer brillar lo poquito de brillo que tiene su carrera.
-¿Está resentida?
-No. Yo no me puedo quejar. La prensa española me trata muy bien y yo les respeto. Mi vida privada está al margen de todo. Siempre habrá alguna crítica, pero estoy contenta.
-«No quiero quedarme en una actriz que hace películas», me dijo hace tres años.
-Soy actriz porque es lo único que sé hacer bien. Pero este trabajo te da mucho tiempo libre. Y hay que hacer cosas, no te puedes quedar esperando a que te llamen. Tengo una productora desde hace tiempo, y siempre hay negocios por ahí con mi marido, cositas