Viernes, 9 de marzo de 2007
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Corín Tellado, esa desconocida
La escritora protagoniza la tercera entrega de 'Perfiles', la serie de retratos en profundidad que emite TPA producida por EL COMERCIO Televisión
Corín Tellado, esa desconocida
AUTÉNTICA. Corín Tellado, en un momento de su entrevista en 'Perfiles'. / EL COMERCIO TELEVISIÓN
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Lo proclama la propia escritora: «Sí, hay una Corín desconocida». Son esas cosas con las que nos sorprende la vida. La novelista española más popular del mundo -la Unesco suscribió por los años 60 que era la autora en lengua castellana más leída del orbe, sólo por detrás de Cervantes- mantiene un lado oculto, íntimo, que acaso sólo se pueda desvelar al trasluz de su inagotable obra.

De esa Corín trata el programa 'Perfiles', que se emitirá hoy en la TPA a partir de las doce de la noche, producido por EL COMERCIO Televisión. Imágenes y palabras de una Corín que recuerda el tiempo en el que todo era pecado. «Era pecado el amor, era pecado cogerse de la mano, era pecado tener un novio durante un mes y después dejarlo...». Ella fue traviesa desde la infancia. Y hasta la temían los perros de su pueblecito natal de Viavélez, que mordían cuando se tropezaban con espíritus más enclenques. Traviesa y de buena fibra. Así la evocan su prima y confidente, Mari Carvajal, y la amiga gaditana con la que compartió parte de la adolescencia y sus primeras novelas, Ana María Morgado.

Al principio de los años 40, la familia Tellado se trasladó a Cádiz, cuando el padre de Corín obtuvo el puesto de maquinista naval en la marina mercante. Y Ana María Morgado recuerda que Corín era una adelantada a su tiempo, «muy lanzada, montaba en bicicleta y fumaba cigarritos». Un escándalo para la época.

Pero, sobre las demás circunstancias, Corín escribía. Escribía y escribía. Tal vez porque otro aspecto escondido de la escritora es un fondo pudoroso que encontró salida en el flujo literario.«Era muy vergonzosa, muy tímida, ni siquiera jugaba en los recreos», rememora la autora.Y ahí se debió ir forjando el rayo que no cesa de sus más de 4.000 novelas y «la mujer de rompe y rasga», en palabras de su hijo Domingo. Precisamente los hijos, Domingo y Begoña, Begoña y Domingo, han sido su dedicación absoluta, junto a la infatigable pluma.

Una separación matrimonial que nunca se consumó como divorcio, da otra muestra del valor que le echó a la vida Corín en aquellos calendarios remotos que sólo admitían la santidad y las fiestas de guardar. Previamente, de Cádiz regresó un 9 de octubre de 1948 y, tras asomarse a la estación de ferrocarril de Gijón y ver caer la lluvia de su infancia, la asturianía le volvió a las venas con el vigor de lo que no se olvida.

Los rasgos raciales de Corín son perceptibles y acaso se resumen en una frase: «Soy una persona muy tierna, aunque sé que no lo parezco». Es verdad, hay que traspasar el umbral para adentrarse en las habitaciones de su personalidad esencial. La crítica examina hoy su percepción intuitiva del corazón de una época y, particularmente, de los latidos ocultos que conmovían a las mujeres. 'Lucha oculta' es una de sus novelas por la que siente mayor aprecio.Esa capacidad de penetración es la que también destaca Paz Fernández Felgueroso, la alcaldesa gijonesa, quien alude en el reportaje de 'Perfiles' a «la enorme energía que tiene, incluso ahora que está enferma».

Pero, hay más. Luis Sepúlveda lo explica en el programa televisivo del siguiente modo: «La literatura de Corín no se corresponde con el discurso tópico del feminismo, sino con el discurso ideológico de la mujer y un espíritu justiciero». Y lo que más agradece el autor chileno es que «hizo que mucha gente se acercara a la literatura; nosotros, hemos heredado sus lectores».

A ese reconocimiento se unieron en su día Vargas Llosa y Cabrera Infante, cuyos encuentros cuenta Corín como si estuviera con un papel delante. No puede dejar de pensar en clave narrativa. Posee la autenticidad completa. Rebelde y tierna, orgullosa y digna, laboriosa y sincera. Es Corín, en estado puro.

 
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