Sábado, 10 de marzo de 2007
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GIJÓN

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Hijos de la danza
El Acuario de Gijón vive esta semana un 'baby boom' de caballitos de mar. El jueves nacieron 235, ayer más de 100 y aún queda un parto pendiente. Como mucho, sobrevivirán el 10% de las crías
Hijos de la danza
DIMINUTOS. En un vaso de sidra caben más de cien caballitos de mar, como los que se ven en la imagen, que miden 3 milímetros. A la derecha, un primer plano. / J. SIMAL
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Todo empieza con una danza. Caballito de mar hembra y caballito de mar macho ascienden dentro del agua hasta casi rozar la superficie. Luego llega el descenso. Es una caída libre y lenta, un cortejo en el que a través del roce la hembra deja embarazado al macho, que a partir de ese momento alberga en su tripa a cientos de crías diminutas. Pasan unas semanas, él rompe aguas y de su estómago surgen los mini-caballitos, casi transparentes, como una línea negra de apenas dos milímetros de longitud que flota a la deriva dentro del agua.

«No es un hecho anómalo que nazcan en cautividad, pero podríamos decir que no es muy común. Lo difícil es que salgan adelante. Como mucho, podemos esperar que sobreviva el 10%», explica Javier González, jefe de acuaristas del Acuario de Gijón, que esta semana vive un auténtico 'baby boom' de caballitos de mar. El jueves nacieron 235 'hippocampus' (nombre en latín de la especie); ayer al mediodía vieron la luz -mejor dicho, el agua- más de 100; y todavía queda un macho embarazado, con un montón de caballitos listos para salir de su bolsa ventral.

González comenta que es la primera vez que el acuario consigue la reproducción en cautividad de estos animales. «Habían nacido otra vez, pero por la noche, nos pillaron por sorpresa y murieron, porque estaban en el acuario grande y no pudimos recogerlo». Tras la fallida experiencia, se creó un protocolo de manejo de caballitos: «El mínimo despiste hace que mueran. Son como bebés, hay que darles de comer cada dos horas, por lo que contaminan mucho el agua y hay que limpiarla cada poco».

«Son mis bebés»

Y no comen cualquier cosa. Para nada. Estos peces con cara de equino tienen gustos caros, de sibarita. «Comen larvas de artemia salina enriquecidas con fitoplacton, de 400 micras. Esa mezcla se llama nauplio. Ahora están en un recipiente especial, como si vivieran en una sopa de nauplio», dice Laura Ibáñez, la bióloga encargada del cuidado de los recién nacidos. «Son mis bebés», dice Laura. Ese instinto maternal no resulta extraño, porque gracias a sus cuidados las crías siguen vivas; ella fue quien, pipeta en mano, sacó uno a uno los pequeños caballitos del paritorio, «para evitar que se los coman los padres y alimentarlos en un recinto de su tamaño».

Los frutos de la pasión del 'hippocampus' llegan al mundo perezosos, quien desee comprobarlo puede hacer un alto en el recorrido del acuario, acercarse y observar cómo descansan dentro de una pecera acoplada en la esquina superior izquierda del tanque dedicado a esta especie. «Son peces muy torpes, muy lentos, a los que hay que dárselo todo hecho», comenta Javier González. El acuario tiene dos tipos de caballitos, tropicales y subtropicales, y las dos especies han tenido descendencia esta semana. «No se juntan con cualquiera, por eso tenemos una proporción de dos hembras y cuatro machos, porque ellas producen los óvulos, pero no aceptan cualquier barriga».

Efectos afrodisíacos

Su selectiva forma de elegir pareja no justifica que este animal se encuentre en peligro de extinción. Ocupan un número muy alto en la lista de prioridades para la protección creada por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies (CITES). Javier advierte de que «forman parte del grupo de los animales más amenazados del planeta». Las causas de su progresiva desaparición son la pesca de arrastre, la destrucción de su hábitat y su uso en la medicina china.

¿Medicina china? Sí. Los peces nacidos de la danza son codiciados por sus efectos afrodisíacos en el lejano Oriente. «Se calcula que cada año son sacrificados y secados al sol para luego utilizarlos como remedio 20 millones de caballitos», alerta el jefe de acuaristas.

 
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