Somió y el pueblo de Gijón volvieron a mostrar ayer su apoyo y aprecio a la familia Figaredo Alvargonzález durante el funeral de Carlos Figaredo, que falleciera el jueves a los 49 años, víctima de una larga enfermedad. La iglesia de San Julián se quedó pequeña para albergar a más de medio millar de personas que quisieron estar cerca de la familia del fallecido en unos duros momentos que llegan apenas seis meses después de la muerte del que fuera cabeza de familia, Alberto Figaredo Sela.
La misa funeral fue oficiada por Enrique Figaredo, obispo de Battambang y hermano del difunto, quien estuvo asistido entre otros por el arzobispo Carlos Osoro. Figaredo, visiblemente emocionado, dedicó su homilía a glosar la figura de quien consideró «un compañero y un protector», además de «un padre modelo que se desvivía por su mujer y sus hijos, pensando siempre en su futuro y su bienestar».
El obispo recordó que «de pequeño siempre seguía a Carlos como a mi protector; siempre iba detrás de él; cuando él iba a rezar, yo le seguía. En sus últimos días le decía que mi hermano protector me iba a dejar sólo». Recordando los cuatro largos años de lucha contra su enfermedad, el obispo agradeció el apoyo que recibió su hermano de todos sus amigos y especialmente del equipo médico encargado de su atención: «Gracias a todos por haberle dado compañía». Destacó también su carácter «trabajador» y su amor «por la amistad, por la naturaleza, por el deporte y su empeño en buscar siempre la alegría de los demás».
Kike Figaredo pidió a familiares y allegados de su hermano «que no nos quedemos sólo en la nostalgia, sino que aprendamos a perpetuar el gran legado que nos dejó».