Domingo, 11 de marzo de 2007
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La calle censura a ZP
La gran manifestación de Madrid da en la línea de flotación de la estrategia presidencial
La manifestación de Madrid había despertado una gran expectación por lo novedoso de la convocatoria, ya que era la primera vez desde la restauración de la democracia que uno de los dos grandes partidos (PSOE, PP) hacía un llamamiento de carácter nacional, en solitario, para que la gente se movilizara en la calle en torno a un objetivo nítidamente político: la estrategia antiterrorista del Gobierno. La respuesta obtenida fue contundente, porque a la convocatoria del PP respondieron cientos de miles de ciudadanos, haciendo del 10 de marzo de 2007 una fecha para el recuerdo.

La primera conclusión de la movilización ciudadana pasa por constatar que la crítica de Mariano Rajoy hacia la política de Zapatero con ETA cuenta con un gran respaldo social. El escándalo vivido con la excarcelación del terrorista, De Juana Chaos, ha dado al PP la oportunidad de someter la política antiterrorista del Gobierno al test de la calle y el resultado ha sido indubitable: cientos de miles de gargantas gritando «¿Zapatero, dimisión!» adquieren el valor de una moción de censura social. Aunque el Gobierno en pleno se hubiera metido en un cine para no enterarse de la protesta habría recibido igualmente el golpe.

La segunda derivada de la manifestación consiste en comprobar que el PP tiene la iniciativa política en España. Un asunto que no es nada baladí. Desde la crisis del 'Prestige' y la invasión de Irak, la iniciativa estaba en manos de la izquierda, pero «del flujo se pasó al reflujo» -que diría Jorge Semprún-, y en cuanto el 'Estatut' salió del 'Parlament' camino de Madrid, el 30 de setiembre de 2005, la iniciativa empezó a cambiar de manos. El Gobierno tiene muchos «abogados» que realizan alambicadas argumentaciones, pero le falta el calor popular. La calle se orienta hacia Rajoy que ayer ha dado un paso clave, el que va de ser líder de la oposición a encarnar una alternativa de poder.

La espoleta de la movilización había sido el trato dado a De Juana, pero la singularidad del terrorista no esconde el problema general: la inquietud por la novedosa política antiterrorista del Gobierno, cifrada en buscar el fin de ETA sin reparar en medios. En realidad, el terrorismo es el núcleo de toda la legislatura que se inició bajo la polémica del 11-M, y que ha tenido en el debate territorial una forma de buscar el acomodo de los grupos nacionalistas, como antesala del cara a cara con la banda terrorista.

Otras políticas

La particular visión de Zapatero sobre la reubicación de los grupos independentistas bajo el manto constitucional y el final negociado del terrorismo no tienen precedente en la democracia, porque Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar siguieron políticas mucho más prudentes y a un paso mucho más lento.

Frente al terrorismo, Zapatero ensayó una línea política basada en la ambigüedad y la audacia, mientras que Rajoy se opuso desde la claridad y el inmovilismo. Zapatero tuvo la habilidad de rodearse de aliados parlamentarios, empezando por los grupos nacionalistas e IU, hasta sumar a todos los componentes del Grupo Mixto. Un conjunto variopinto de aliados que sólo aportan 38 diputados al Gobierno. Una ayuda muy útil para aprobar leyes y Presupuestos, pero muy exigua para afrontar tareas de tanta envergadura, como revisar el Estado de las Autonomías o negociar con ETA. Zapatero practicó la ficción del aislamiento del PP, pero Rajoy optó por abrir el debate a la sociedad. Después de nueve concurridas manifestaciones de protesta, iniciadas en la primavera de 2005, está claro que Rajoy no es un líder político aislado. Tras la marea humana por las calles de Madrid, qué importa lo que opinen Carod Rovira o Llamazares. Cuando falta menos de un año para que concluya la legislatura se ha abierto un abismo entre la representación parlamentaria y la calle.

Firmeza

La situación actual venía larvada desde hace casi un año, y el atentado de Barajas ha tenido la cualidad de sacarla a la superficie; la solución adoptada con la huelga de hambre del terrorista, De Juana Chaos, ha precipitado la protesta generalizada por toda España. ¿Qué nos aguarda?

El discurso de Rajoy, al cierre de la manifestación, mostró a las claras la voluntad de instalarse en una línea de firmeza contra el tacticismo del Gobierno, que tan pronto opta por decir que se acabó el proceso de paz, como lanza mensajes a Batasuna para que se homologue ante las elecciones municipales. En el discurso de Rajoy no hubo ningún cálculo, ninguna cautela, ningún cabo suelto a la expectativa de un hipotético comunicado de ETA diciendo que renuncia definitivamente al uso de la armas. Para el líder de la oposición lo relevante de ETA en estos momentos no es su potencial capacidad de asesinar, sino su inequívoca voluntad de presionar para anexionar Navarra al País Vasco y pretender la independencia. Rajoy lo expresó muy claramente, al decir que no es principalmente el terrorismo el objeto de la movilización, sino el cuestionamiento de la unidad nacional que hay detrás de los atentados de ETA y del llamado 'proceso de paz'.

Para salir del atolladero, el líder del PP ofreció la recuperación del consenso al Gobierno, pero rápidamente señaló que en caso de fracasar, esa oferta de consenso la trasladará a la gente. Cuando se logra convocar a cientos de miles de personas es fácil mostrar ese despego por el resto de fuerzas parlamentarias. La cercanía de las elecciones pone en valor el llamamiento a la ciudadanía, porque cada individuo con su voto estará construyendo el nuevo Parlamento.

Después de tantas manifestaciones y broncas parlamentarias, los comicios autonómicos y municipales tendrán el carácter de una primera vuelta de las elecciones generales. El experimento de Zapatero cuenta con miles de conejillos de indias: los concejales, alcaldes y diputados del PSOE por toda España. Ese será el momento de ver si la ocupación de la calle por la derecha llega hasta el interior de las instituciones. Ya lo dijo el otro día Gabino de Lorenzo: esto se remedia votando. Me parece que en el caso del alcalde de Oviedo no se trataba de un juicio desinteresado.

 
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