EL Gobierno de Irak ha conseguido un éxito notable: reunir en Bagdad, sentados en la misma mesa a representantes de Estados Unidos, Irán y Siria. Lo demás, ya se verá, depende de que encajen los intereses de la mayoría. Esta conferencia de seguridad tiene como objetivo lograr la ayuda de los países vecinos y de las grandes potencias mundiales para evitar que la violencia sectaria sumerja, aún más, en el caos y la miseria al pueblo iraquí.
La diplomacia norteamericana acude a este encuentro después de que el responsable militar de las tropas norteamericanas en Irak, el general Petraeus, haya realizado un análisis que se acerca mucho a la realidad: «no hay solución militar, hay que negociar con todas las partes e intentar involucrar en el gobierno de Irak a los insurgentes». «Reconciliación», ha reclamado el primer ministro Maliki. Ahora se trata de alcanzar un mínimo acuerdo sobre las reglas de juego para que sean los ministros de Asuntos Exteriores los que puedan continuar con este diálogo.
Washington y Teherán, juntos en público, por primera vez desde la revolución de Jomeini en 1979. Y con Irán en el eje del mal y bajo el foco de una posible intervención militar si continúa con su programa nuclear y el deseo de su presidente Ahmadineyad de destruir a Israel. ¿Habrá ocasión para un encuentro cara a cara? Esperemos que la diplomacia del zumo pueda propiciar este pequeño milagro. Al menos, David Satterfield, cabeza de la delegación norteamericana ha adelantado que «si iraníes o sirios se acercan mientras tomamos un zumo de naranja para hablar de la seguridad de Irak y un futuro estable, seguro, pacífico y democrático, no vamos a dar media vuelta y largarnos».
Nadie echa las campanas al vuelo porque el acercamiento, por uno y otro lado, puede esconder otros intereses: echar la culpa al otro de un posible fracaso y reforzar las propias posiciones. Los trabajos previos deberían haber despejado estos riesgos. Arabia Saudí recibió hace unos días al presidente iraní. Todos deben entender, por fin, que mantener la crisis en Irak y extenderla a los vecinos es el principal objetivo de los terroristas de Al Qaeda.