EN el mundo occidental asistimos a un proceso progresivo de envejecimiento de la población, que está generando mayores demandas de financiación para atender a la cobertura de sus necesidades sanitarias. Los recursos que han de destinarse a cubrir estos gastos son finitos y los distintos gobiernos realizan verdaderas filigranas para hacerles frente, lo que les lleva a adoptar medidas destinadas a racionalizar el gasto y garantizar la sostenibilidad del sistema.
Una de las partidas importantes dentro del capítulo sanitario es el gasto en medicamentos. Así como del gasto de medicamentos en hospitales no hay un indicador claro, la factura de los medicamentos que se dispensan a través de las oficinas de farmacia con cargo a los fondos del sistema es transparente, detallada y mensual. Esta factura única sirve a los gestores de herramienta fundamental para hacer un seguimiento exhaustivo del gasto y adoptar las medidas pertinentes en caso de existir desviaciones no deseadas.
Durante los últimos tres años, el sector farmacéutico viene soportando sucesivas bajadas de márgenes y de precios de los medicamentos, una vía de ahorro, a mi juicio, que tiene próximo el final, ya que no puede exprimirse de continuo el mismo segmento. Las consecuencias a largo plazo pueden ser muy negativas para todos, señalando, por ejemplo, el incremento del comercio paralelo de nuestros medicamentos a otros países donde su precio es más caro, lo que generará más problemas de desabastecimiento de los que actualmente estamos padeciendo.
El último acontecimiento en el sector, y que podemos calificar de despropósito, ha sido la entrada en vigor, el día 1 de marzo, de la Orden de precios de referencia, que afecta a 4.237 presentaciones de medicamentos. Por primera vez, y sin justificación ninguna, no se ha contemplado un período de convivencia de precios, lo que, además de haber supuesto un grave problema económico y logístico en nuestras farmacias, constituye el mejor testimonio de los perjuicios que puede ocasionar la falta de planificación y la precipitación de los legisladores.
Si ya es grave que se produzca una situación como ésta en cualquier empresa u organización, mucho más resulta cuando depende directamente de la voluntad del legislador y de la decisión administrativa adoptada por personas responsables de la salud de todos.
Afortunadamente para los usuarios, miles de personas que trabajan diariamente en las oficinas de farmacia, personal de los colegios de farmacéuticos, técnicos y proveedores de los programas de gestión informáticos y almacenes de distribución de todo el país han trabajado sin horario para que las dificultades se hiciesen notar lo menos posible en nuestros establecimientos y no se produjese un desabastecimiento masivo de medicamentos en todo el territorio nacional.
Como era previsible, pese a los esfuerzos de coordinación realizados por todos, los meses de febrero y marzo están resultando realmente caóticos, viviéndose más de un momento de tensión a causa de las informaciones contradictorias proporcionadas por el ministerio y las procedentes de los laboratorios farmacéuticos.
Tres días antes de la entrada en vigor de la Orden, no teníamos aún los ficheros informáticos necesarios para dispensar correctamente en nuestras oficinas de farmacia. A día de hoy, no tenemos la certeza de que el PVP (precio de venta al público) que aparece en dichos ficheros sea el real y si el medicamento sigue financiado o no por el Sistema Nacional de Salud. Se han recibido en estos días hasta ocho listados distintos con diferentes correcciones de los precios de medicamentos afectados por la Orden. La situación se agrava puesto que, tras la reciente aprobación de la Ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos, no es obligatorio que figure el PVP en el envase. Esta desinformación implica el riesgo de cometer errores en algo tan delicado como la dispensación o no de un medicamento, lo que podría repercutir en la atención final que prestamos a los usuarios.
En este marco caótico está pasando a segundo plano lo más importante de nuestro quehacer diario: poner todos nuestros conocimientos y esfuerzos para ayudar a los pacientes a obtener el mayor beneficio de sus tratamientos.
Si la falta de periodo de coexistencia de precios antiguos y nuevos ha dado lugar a una importante devaluación de 'stock' en nuestras farmacias, más grave aún es el deterioro del servicio que no tiene precio.
Esperamos de los usuarios toda su paciencia y comprensión en este proceso, a la vez que exigimos a los legisladores que, para próximas medidas, corrijan los defectos de aplicación que estamos padeciendo todos, por haber hecho caso omiso a las experiencias anteriores.