Domingo, 11 de marzo de 2007
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Ni lee el futuro, ni va descalza
Una jornada organizada por Secretariado Gitano reivindica cómo ha cambiado la situación de las mujeres calés en los últimos años
Ni lee el futuro, ni va descalza
JORNADAS 'ROMÍ-CALÍ'. Algunas de las asistentes, ayer en el Auditorio. / JESÚS DÍAZ
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«La mujer gitana del siglo XXI ni lee las manos, ni anda descalza. Piensa en cómo integrarse y vencer estereotipos», dice el documental 'Destino' protagonizado por María José Jiménez Cortiñas 'Guru' que ayer se proyectó en el Auditorio. Fue dentro de las IV Jornadas Regionales 'Romí-Calí' -que significa mujer gitana en caló-, inauguradas por la directora del Instituto Asturiano de la Mujer, Begoña Fernández, y la concejala del ramo, Silvia Junco.

Guru también participó. Es gitana, vivió en chabolas y llegó al sistema educativo cuando tenía 12 años. Al mismo tiempo, su familia accedió a una vivienda de protección oficial. Es la primera gitana de Galicia que fue a la Universidad. En Salamanca estudió Trabajo Social y actualmente es vicepresidenta de una asociación de mujeres gitanas de Vigo y técnica en la Federación Nacional de Asociaciones 'Kamira'. Lamenta que su abuela, que como su madre, sale en el documental aún no lo haya visto: «Lleva 22 años de luto y no quiere ver la televisión». Son las costumbres de las gitanas de otra época, de las que pensaban que el destino, como dice su abuela, «lo tiene el Señor escrito». «El destino no está escrito, se forja día a día», contradice su nieta.

«Nos encontramos, dentro de la comunidad gitana en el tiempo de las mujeres», dice la página web de la Fundación Secretariado Gitano, la organizadora de las jornadas. Y ayer Guru animó a las asistentes a hacer realidad «el alma gitana, que la igualaría a la libertad». Una libertad que se gana con la educación», apuntó. Un nutrido grupo de gitanas asturianas -hay 9.700 calés en Asturias, según los últimos datos de Cáritas- vieron y escucharon a esta joven de 30 años que es un ejemplo para la comunidad.

«Nosotras también tenemos nuestro mérito», reivindicó Carmen. Tiene 60 años y lleva varios años trabajando con la asociación gitana. Cuando empezó, sus hijos le «acusaban de dejar sólo a mi marido muchas horas». Ahora han cambiado. «Hoy (por ayer) que vienen todos a comer a casa, he podido dejar todo para venir aquí».

 
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