Después de 60 años de conciertos de altísimo nivel y grabaciones de calidad contrastada, el Cuarteto Janacek forma parte de la élite de la música camerística de signo clásico. La formación checa engrandece cualquier ciclo de conciertos. El jueves actuó para la Sociedad Filarmónica con la pulcritud y entrega que le caracteriza encarando un programa técnica y expresivamente complejo. La velada se abrió con el inspirado y jovial cuarteto 'La Caza', de Mozart, al que siguieron dos cuartetos de Smetana y Dvorak sombríos e inquietantes; dos composiciones, con cierto parentesco estilístico y formal, más intelectuales que emotivas. En definitiva, un programa que asumió el reto y el peligro de renunciar al aplauso fácil y a la acogida enfervorizada.
El 'Cuarteto en Si Bemol Mayor, La Caza' sobrelleva el peso del magisterio compositivo de Haydn, autor a quien Mozart dedicó éste y otros cuartetos contemporáneos. El genio de Salzburgo lo concibió como una obra de lirismo subyacente en la que predominan la lógica armónica y la luminosidad conceptual. Extraordinaria la ejecución del 'Adagio'.
La primera parte concluyó con el 'Cuarteto nº 2 en Re menor' de Smetana. Menos conocido que el número 1 es una pieza agitada en la que se yuxtaponen pasajes de inusitada lucha emocional y fragmentos de un sentimentalismo cercano a la placidez. Sobresaliente el 'Allegro Moderato'.
La segunda parte incluyó el 'Cuarteto nº 13 en Sol Mayor' de Antonin Dvorak. Una vez más, el Cuarteto Janacek asumió el desafío de afrontar una partitura espinosa alejada del nacionalismo pegadizo y folclorista. Optar por el 'Cuarteto Americano', hubiese sido más sencillo y más celebrado. El 'Scherzo' y el 'Andante sostenuto' evidenciaron una ejecución ejemplar.
Como propina, el último movimiento del turbador y convulso Cuarteto Nº 1 de Leos Janacek. Todo un regalo.